SATANÁS EN EL ANTIGUO TESTAMENTO

Artículo tomado del libro: ¿ENTIENDES LO QUE LEES? Escrito por Eduardo Mondaca

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Satanás en el Antiguo Testamento

 

portadaLa figura de un ser espiritual antagónico a Dios no era parte de la cultura judía antes de Cristo. Usted mismo lo puede corroborar revisando en el Antiguo Testamento que Dios nunca advirtió a Israel sobre la existencia de un enemigo espiritual. Los únicos casos en que el término Satanás aparece deben ser analizados en su contexto, ya que el término no solo aparece en relación con un adversario espiritual (aparentemente visible), sino también con la acción directa de Dios para intervenir en los asuntos del hombre. Veamos algunos ejemplos:

a)      El ángel de Jehová actúa como Satanás

 Num. 22:22  Y la ira de Dios se encendió porque él iba; y el ángel de Jehová se puso en el camino por adversario suyo. Iba, pues, él montado sobre su asna, y con él dos criados suyos.

La palabra “adversario”, en el original hebreo, es “satán”, del mismo vocablo de donde se traduce el nombre Satanás[1]. ¿Podría usted imaginar que una manifestación de Dios, como era Su ángel, tomara el lugar de Satanás para intervenir en los planes del profeta? —No —¿verdad? Aunque habrá quienes opinen que en este caso la palabra sí es un adjetivo y que nada tiene que ver con el ángel caído conocido como el abominable Satanás. Pero ¿por qué podemos asegurar que en este caso sí se trataría de un adjetivo y no así en otros? Yo creo que tal opinión solo puede atribuirse a la fuerte influencia que esta figura tiene en nuestra teología, y que de no aceptarla tal como es equivaldría, poco menos, a negar la fe misma. Veamos un segundo ejemplo:

b)     ¿Dios o Satanás provocó el censo de Israel en los días de  David?

2Sam. 24:1 Volvió a encenderse la ira de Jehová contra Israel, e incitó a David contra ellos a que dijese: Ve, haz un censo de Israel y de Judá.

1Cro.21:1  Pero Satanás se levantó contra Israel, e incitó a David a que hiciese censo de Israel.

Si usted lee ambos pasajes puede comprobar que se trata del mismo evento. Sin embargo, aquí nos encontramos frente a un tremendo problema: ¿Quién en realidad fue el responsable de este censo? —Por un lado dice que fue Dios, y por el otro que fue Satanás. Los que dan favor a Satanás dirán que en realidad fue Dios quién estuvo detrás de todo esto permitiendo a Satanás para que actuara, ya que él nunca haría algo malo o perjudicial en contra de su pueblo. Suena razonable, pero ¿qué diríamos ante este otro versículo? —He aquí que yo hice al herrero que sopla las ascuas en el fuego, y que saca la herramienta para su obra; y yo he creado al destruidor para destruir (Isa. 54:16).  “Yo he creado al destruidor para destruir”. No significa que Dios haya creado un personaje con esta característica, sino que aun la maldad está bajo su soberano dominio. El problema nuestro es que durante toda la vida hemos procesado una información de carácter «dualista», es decir, hemos entendido que existe un lugar llamado cielo y otro opuesto llamado infierno; que existe el bien y existe el mal; el negro y el blanco; la luz y las tinieblas; Dios y Satanás. Todo lo racionalizamos bajo este concepto, romper esta norma es casi inconcebible.

c)      ¿Satanás en el huerto del Edén? 

Por extraño que parezca, en el relato de la caída del hombre en el huerto en ningún momento se dice que Satanás haya sido el responsable del pecado de Adán, sino simplemente se describe a una serpiente, enfatizando sí  que era la más astuta de todos los animales del campo que Jehová Dios había hecho, y lo que es aun más sorprendente, pero a nadie parece importarle, es que ésta hablaba. A mí en lo personal siempre me llamó la atención que la serpiente del huerto hubiese hablado con Eva, pero nunca cuestioné tal rareza. Lo tomaba como lo hace la mayoría; —así tuvo que haber sido simplemente.

Muchos teólogos e intérpretes bíblicos concuerdan en que los tres primeros capítulos de Génesis fueron escrito metafóricamente, y en especial el relato del huerto del Edén. Aceptar que la conversación entre Eva y la serpiente fue real, sería aceptar que las serpientes pueden hablar. Porque de acuerdo con la narración, el castigo que recibió la serpiente sólo consistió en arrastrarse sobre su pecho, nunca se le dijo que no volvería a hablar —por eso repito: aceptar el relato como un hecho real, sería admitir que una serpiente puede hablar. Concuerdo con usted que la frase inicial del capítulo da para creer que Génesis tres está hablando de una serpiente real: “Pero la serpiente era astuta, más que todos los animales del campo que Jehová Dios había hecho” (v.1). Sin embargo, no podemos dejarnos confundir con lo que leemos e ignorar completamente el estilo literario empleado por el escritor en este relato. Aquí se observa claramente una alegoría, lo cual es una forma simbólica de representar una idea o verdad espiritual. En este caso en particular la figura de la serpiente es usada para ilustrar la mente de Eva. Esto tiene mucho sentido si lo comparamos con lo que Pablo dice en 2Cor. 11:3

“Pero temo que como la serpiente con su astucia engañó a Eva, vuestros sentidos sean de alguna manera extraviados de  la sincera fidelidad a Cristo”.

Aquí  la palabra “sentidos”  (gr.νόημα / nóema) significa pensamiento, sentido, entendimiento. Entonces lo que el apóstol pudo haber dicho posiblemente, fue algo así: “Pero temo que como Eva fue engañada astutamente por su propia mente, vuestros pensamientos sean de alguna manera extraviados de la sincera fidelidad a Cristo”. No olvidemos que el relato de la caída de Adán se escribió (de acuerdo con la cronología bíblica) unos dos mil años después que éste tuvo lugar, por lo tanto, Moisés, quien probablemente fue el que escribiera el libro de Génesis, recurrió al lenguaje figurado para describir el fatídico momento de la transgresión. Por otro lado, la serpiente es una figura muy usada en la literatura hebrea y justamente para ilustrar el letal efecto (veneno) que produce la mente humana, cuando su perversa intención sale por la boca del hombre. Veamos algunos ejemplos:

Salmos 58:1-4

1Oh congregación, ¿pronunciáis en verdad justicia?

 ¿Juzgáis rectamente, hijos de los hombres?

2Antes en el corazón maquináis iniquidades;

 Hacéis pesar la violencia de vuestras manos en la tierra.

3Se apartaron los impíos desde la matriz;

 Se descarriaron hablando mentira desde que nacieron.

4Veneno tienen como veneno de serpiente;

 Son como el áspid sordo que cierra su oído,

Salmos 140:1-3

1Líbrame, oh Jehová, del hombre malo;

 Guárdame de hombres violentos, 

2Los cuales maquinan males en el corazón,

 Cada día urden contiendas.

3Aguzaron su lengua como la serpiente;

 Veneno de áspid hay debajo de sus labios. Selah

Como podemos apreciar, ambos pasajes relacionan la conducta humana, es decir, lo que maquina su mente, con el veneno de la serpiente. Recordemos que Jesús tildó a los religiosos de su tiempo de “víboras”. Los trató como una “generación de serpientes”, precisamente por el veneno que salía de sus bocas al hablar.

Mt. 12:34  ¡Generación de víboras! ¿Cómo podéis hablar lo bueno, siendo malos? Porque de la abundancia del corazón habla la boca.

Lo mismo quiso decir en Mateo 15:19

Porque del corazón salen los malos pensamientos, los homicidios, los adulterios, las fornicaciones, los hurtos, los falsos testimonios, las blasfemias.

El problema, según yo veo, radica principalmente en la forma de interpretar el texto bíblico, atribuyéndole a pasajes escritos metafóricamente un carácter netamente literal. Además, se debe considerar la persuasiva influencia religiosa, la que en un sentido actúa como un filtro controlador a través del cual pasa todo el criterio teológico con que debe analizarse o interpretarse el contenido de la Biblia. Es más, creo que el término Satanás o diablo fue introducido intencionalmente en el texto por quienes tradujeron las primeras versiones de la Biblia, justamente, para que se entendiera lo que ellos de antemano ya habían definido como doctrina de la Iglesia.

Otro elemento que no va acorde con la idea de que un ser sobrenatural diabólico estuviese detrás de todo esto, es la clase de sentencia o castigo que la serpiente recibió de parte de Dios. “Y Jehová Dios dijo a la serpiente: Por cuanto esto hiciste, maldita serás entre todas las bestias y entre todos los animales del campo; sobre tu pecho andarás, y polvo comerás todos los días de tu vida” (v.14).

¿Ha visto usted alguna vez a una serpiente comer polvo? ¿Verdad que no? Las serpientes son carnívoras y se alimentan principalmente de roedores, lo cual significa que la narración es simbólica. Comer el polvo, implica un arduo y sacrificado trabajo: “con dolor comerás de ella todos los días de tu vida” (v.17).

d) Satanás en el libro de Job

 Éste es el libro favorito para usar en favor de la existencia de Satanás. Sin embargo, aquí nuevamente se cae en el mismo error de interpretación de siempre. Para todos los que han realizado estudios bíblicos, incluso aquellos que tienen una mínima noción o base en las Escrituras, entienden que el libro de Job, de muy dudosa autoría por lo demás, pertenece al grupo de los libros “sapienciales” o poéticos de la Biblia. Por lo tanto, considerando el estilo literario del libro, su mensaje no debería interpretarse literalmente.

La historia en sí transmite la idea de un enemigo cercano a Job quién habría sido, en algún sentido, el instigador de todas las calamidades de este excepcional hombre de Dios. Veamos algunos detalles importantes del libro.

Este es el único libro de la Biblia que nada dice sobre el pueblo judío, ni sobre su ley, ni nada relacionado con Israel, lo cual hace suponer que fue escrito mucho antes que éstos existieran como nación. Al parecer éste sería el libro más antiguo de toda la Biblia. (La tradición y el Talmud atribuyen su autoría a Moisés).

El relato del capítulo uno dice: «Un día vinieron a presentarse delante de Jehová los hijos de Dios, entre los cuales vino también Satanás» (v.6).  Primero, no dice en dónde fue esa reunión. Sin embargo, por la misma Palabra entendemos que no pudo ser en el cielo, porque antes de Cristo nadie había subido al cielo (Jn.3:13). Segundo, los hijos de Dios no podían haber sido ángeles, como algunos interpretes han sugerido, sino simplemente seres humanos que conocían a Job, y quienes habrían venido a rendir culto a Jehová: eso significa en la Biblia: “venir o presentarse delante de Jehová”[2]

Es muy significativo descubrir que la preposición «entre», no solo significa «en medio de», sino que también significa «interior», lo cual nos da una mejor comprensión de la frase. En lugar de decir: entre los cuales vino también Satanás, se podría decir: “dentro de los cuales vino también Satanás”. No olvidemos que Job se trata de un libro poético y, por lo tanto, su contenido está escrito alegóricamente.

La historia es posible que no haya existido literalmente, sin embargo, la idea que pretende transmitir el autor, con este lenguaje figurado, es que aun los hombres más piadosos sostienen fuertes luchas internas, y que “el Satanás”, que significa adversario, engañador, acusador y enemigo, es su propia naturaleza carnal que lo lleva a estar siempre en conflicto consigo mismo y con Dios. La historia de Job nos enseña que a pesar de la fuerte lucha que un creyente pueda experimentar, ya sea en su propia mente o por la gente que le rodea, será su fe, su confianza en Dios lo que le dará finalmente la victoria. No nos debe extrañar que Satanás, es decir, ese espíritu de adversario y de acusador haya venido dentro de los hijos de Dios. ¿Recuerda cuando Jesús reprendió a Pedro diciéndole: “¡Quítate de delante de mí, Satanás”!?  No significaba que Pedro en ese momento estaba siendo utilizado por Satanás, sino simplemente fue su actitud o reacción opositora a los planes divinos, que Jesús reprendió (Mt.16:23).

Por último, al parecer el termino Satán representaría para los hebreos en el Antiguo testamento a un ángel que cumpliría la función de un fiscal acusador delante de un tribunal, el cual sería Dios. Hay varios pasajes bíblicos que avalan esta idea, pero bajo ningún aspecto se trataría de un ángel malo, sino simplemente de un ángel ministro de Dios.

e) Satanás en el libro de Zacarías

Aparte del ángel acusador que vino con los hijos de Dios delante de Jehová, en la historia de Job, existe otro pasaje en donde este ángel  cumple  con  esta misma función de acusar;   se trata de Zacarías 3:1:

«Me mostró al sumo sacerdote Josué, el cual estaba delante del ángel de Jehová, y Satanás estaba a su mano derecha para acusarle».

En este pasaje, como en el de Job, el Satán no está para castigar a nadie, solamente acusar. Si usted lee bien el primer capítulo de Job notará que nunca Satanás toma la iniciativa en la conversación, sino Dios. Es Dios quien pregunta y toma las decisiones. Satanás se ve totalmente atado e inhabilitado a la voluntad de Dios. Satanás pide a Dios que extienda su mano contra Job (v.11). Dios autoriza a Satanás a que le quite todo (v.12). Siendo Job tan creyente y piadoso, como lo describe la Biblia, ¿no sabría él de la existencia de un ser espiritual malo llamado Satanás y de  quien él debería cuidarse? —Por supuesto que hubiera sabido, si es que este personaje hubiese existido realmente. Sin embargo, no encontramos, en toda la historia de Job, que él haya atribuido su mal a otro que no fuera Dios mismo, y no culpándolo, sino reconociendo que Dios era soberano y hacía lo que a él le placía hacer.

Job 2:9, 10  Entonces le dijo su mujer: ¿Aún retienes tu integridad? Maldice a Dios, y muérete. 

Y él le dijo: Como suele hablar cualquiera de las mujeres fatuas, has hablado. ¿Qué? ¿Recibiremos de Dios el bien, y el mal no lo recibiremos? En todo esto no pecó Job con sus labios.

En el pasaje de Zacarías vemos una situación similar. El satán solo está parado a la derecha del sumo sacerdote Josué sin emitir ningún juicio, y es Dios mismo quien dice a Satanás: “Jehová te reprenda, oh Satanás” (Zac.3:2). Debemos recordar que lo que Zacarías describe es una visión: «me mostró»  —dice (v.1), por lo tanto, debe entenderse como tal. Las vestiduras viles del sumo sacerdote representaba su pecado, lo cual quiere decir que tales vestidos eran simbólicos, al igual que la figura de Satanás a su diestra. Nada más prefiguraba la forma en que Josué se sentía delante de Dios. Pero leemos que el ángel de Jehová ordena que se le quiten esas vestiduras viles y le sean repuestas sus vestimentas sumo sacerdotales, para que ejerza nuevamente su ministerio. En ambos casos —Job y Zacarías—, el satán no es un personaje con personalidad y atributos propios, sino más bien un oficio; el oficio de un agente fiscal al servicio de Dios, encargado de llevar adelante una acusación en un procedimiento penal.

El último pasaje, en donde aparece este satán acusador, es Salmos 109:6

“Pon sobre él al impío, y Satanás esté a su diestra”.

Resulta muy interesante cuando se puede leer el mismo versículo o pasaje en varias versiones de la Biblia; lo que no ha quedado muy claro en una, se puede entender mejor en la otra. El Satán del salmo 109 no es el diablo o Satanás, como pareciera —de acuerdo con la traducción Reina-Valera, sino que aquí simplemente, en el contexto del pasaje, el salmista pide a Dios venganza de sus enemigos; —de aquellos que le acusan y le pagan mal por bien. A ellos él se refiere en el verso 4, en la versión hebrea, como «satanes», en el sentido que se habían convertido en sus adversarios: «En pago de mi amor me han sido adversarios»; luego, cuando cita nuevamente el término satán en el verso 6, lo hace para referirse al juicio que deberían recibir esos impíos. Observe como dice en la NVI (Nueva Versión Internacional de la Biblia) “Pon en su contra a un malvado; que a su derecha esté su acusador”. Lo que David pide es que quienes han obrado mal en contra suya les sea pagado con la misma moneda, por eso pide que sea acusado por un malvado como él, refiriéndose a su enemigo. La palabra acusador en el verso 6, al igual que en verso 4, es satán en los escritos hebreos.

Nunca el Antiguo Testamento describe una imagen horrible de este satán, cada vez que aparece se menciona como un ángel al servicio de Dios, aunque esta posición, según algunos eruditos, no sería legítimamente hebrea, sino correspondería a tradiciones que los judíos abrían adoptado de los pueblos circundantes a ellos.

Lucifer, el ángel caído

 El nombre «Lucifer» posiblemente sea el término con menos fundamento bíblico que exista, para defender la posición de que éste fue el nombre que tuvo Satanás en el cielo antes de revelarse contra Dios y por lo que se identificó posteriormente como el ángel caído. Fue la Iglesia Católica quien adoptó muy temprano en sus doctrinas la idea de que Satanás o diablo fue una vez un ángel perfecto, creado por Dios, y acabado de hermosura; tomándose del pasaje de Isaías 14, en donde se narra una profecía muy clara y directa sobre la caída de uno de los reinos más poderosos e influyentes de la historia, el imperio babilónico, y su último rey —Belsasar. Leamos como dice el texto.

Isaías 14:12-20

 12¡Cómo caíste del cielo, oh Lucero, hijo de la mañana! Cortado fuiste por tierra, tú que debilitabas a las naciones.

13Tú que decías en tu corazón: Subiré al cielo; en lo alto, junto a las estrellas de Dios, levantaré mi trono, y en el monte del testimonio me sentaré, a los lados del norte;

14sobre las alturas de las nubes subiré, y seré semejante al Altísimo.

15Mas tú derribado eres hasta el Seol, a los lados del abismo.

16Se inclinarán hacia ti los que te vean, te contemplarán, diciendo: ¿Es éste aquel varón que hacía temblar la tierra, que trastornaba los reinos;

17que puso el mundo como un desierto, que asoló sus ciudades, que a sus presos nunca abrió la cárcel?

18Todos los reyes de las naciones, todos ellos yacen con honra cada uno en su morada;

19pero tú echado eres de tu sepulcro como vástago abominable, como vestido de muertos pasados a espada, que descendieron al fondo de la sepultura; como cuerpo muerto hollado.

20No serás contado con ellos en la sepultura; porque tú destruiste tu tierra, mataste a tu pueblo. No será nombrada para siempre la descendencia de los malignos.

Éste es el primero de una serie de oráculos o profecías que se pronuncian en el libro de Isaías, acerca del fin de las potencias mundiales de aquellos días, y de las naciones que circundaban a Israel. Isaías no es el único que pronuncia esta clase de sentencias o juicios divinos, también lo hace Jeremías y Josué, como veremos más adelante. En realidad, la profecía sobre Babilonia comienza en el capítulo 13 y concluye en el verso 23 del capítulo 14. Si uno lee con una mente sana, me explico, con una mente no contaminada con la idea preconcebida de un ángel caído, puede percibir muy claramente que la profecía en sí en ningún momento alude a un ser sobrenatural, sino que exclusivamente está referida al rey de Babilonia (v.4).

El interprete común tiende a impresionarse muy fácilmente con el estilo literario del oráculo, lo cual provoca, finalmente, que se confunda en su tarea de interpretarlo. Expresiones como las que leemos en el verso 12, llenas de dramatismo y poesía, son muy propias del idioma hebreo, y las encontramos por doquier en la Biblia: «¡Cómo caíste del cielo, oh Lucero, hijo de la mañana!»

Éste es el único versículo, en toda la Biblia, en donde pareciera que se estuviera hablando de un ángel que fue expulsado del cielo; y es justamente de esta metafórica expresión que la Iglesia romana se tomó para sustentar su doctrina sobre la preexistencia de Satanás como un ángel perfecto. Sin embargo, al leer detenidamente los versículos 12 y 13 uno puede observar como que hubiera una especie de contradicción entre las expresiones: “caíste  del  cielo” y “subiré al cielo”, lo cual hace inmediatamente absurdo suponer que aquí se esté hablando de un ángel que fue arrojado del cielo, porque para caer del cielo se necesita, primeramente, haber estado allí. Pero el verso 13 dice: “Tú que decías en tu corazón: Subiré al cielo; en lo alto, junto a las estrellas de Dios, levantaré mi trono,…” ¿Por qué se cree que tal rebelión tuvo lugar en el cielo, donde este supuesto ángel perfecto moraba, cuando acá dice tan claro que este lucero (Lucifer) «decía en su corazón», o sea, maquinaba en su mente: «subiré al cielo»? —La verdad que aquí no existe ninguna contradicción. Lo que pasa es sencillamente que la palabra cielo, en este contexto, tiene una connotación muy diferente a la que conocemos. La expresión: «¡Cómo caíste del cielo, oh Lucero, hijo de la mañana!» está relacionada directamente con la caída del rey de Babilonia y que al parecer se trataría de Belsasar, nieto de Nabucodonosor, y quien gobernaba Babilonia en el momento que los medos invadieron la ciudad.

Caer del cielo implica caer de la posición más alta a la que un hombre puede llegar, por eso la figura del cielo, pues para nosotros significa infinito, lo máximo; no existe nada que esté por encima del cielo. En cuanto al término “lucero”, éste no tiene ningún significado espiritual, simplemente es para complementar la figura del cielo. El lucero es la estrella más resplandeciente en el firmamento, la más sobresaliente. Para Belsasar, el cielo era la figura de su poderío y grandeza. Él se sentía como el astro más esplendoroso entre todas las estrellas; sin embargo, Dios, de allí lo bajó. También podría ser, considerando que el capítulo 13 declara sentencia sobre la ciudad imperial, que la profecía señale directamente la caída de Babilonia y no la caída de un rey. El libro de Daniel describe la majestuosidad que alcanzó Babilonia bajo el reinado de Nabucodonosor, cuya gloria y grandeza fue figurada en visión como un gran árbol, cuya copa llegaba hasta el cielo (Dn.4:20 y 22).

Es posible que la expresión «¡Cómo caíste del cielo, oh Lucero, hijo de la mañana!» esté referida a esa grandeza alcanzada por Nabucodonosor y que fue traspasada posteriormente a sus hijos y nietos, quienes continuaron con la dinastía real hasta que Darío el medo sitió Babilonia y la sometió a esclavitud.

Es increíble cómo teólogos y exegetas bíblicos (aunque no todos, afortunadamente) no puedan conciliar el contenido de Isaías 13:1-22 y 14:1-11 con el resto del oráculo, que continúa en el verso 12 y hasta el 23 del capítulo 14. Aquí no hay ningún signo indicativo que señale que a partir del verso 12 la profecía cambia abruptamente de contexto y da paso a uno nuevo —revelar el origen de Satanás. Los defensores de esta posición, no pudiendo ignorar el indiscutible destino y cumplimiento que tuvo la profecía, han tenido que recurrir a su inventada ley de la doble referencia, para concluir que aunque en verdad la profecía fue dirigida originalmente al rey de Babilonia, no obstante, a partir del verso 12 del capítulo 14, la profecía toma un doble significado y comienza a revelar el origen de Satanás, cuando aún era Lucifer (estrella de la mañana); y cómo cayó de esa elevada posición en el cielo, considerando, además, las propias palabras de Jesús en Lucas 10:18 —cuando dijo: «Yo veía a Satanás caer del cielo como un rayo».

El sentido de las palabras de Jesús ya las explicaré más adelante, pero lo que me interesa aclarar ahora es que el pasaje de Isaías 14, específicamente a partir del versículo 12, no tiene ninguna doble referencia, sino que es simplemente la continuación de la misma profecía sobre el rey de Babilonia que comenzó en el capítulo 13. Le invito a que lea cuidadosamente el capítulo 13 de Isaías, en él encontrará mucha luz para comprender mejor el pasaje del capítulo 14. Los primeros versículos del capítulo 14 nos dan una leve pero reveladora imagen de cómo era el rey de Babilonia:

“el que hería a los pueblos con furor, con llaga permanente, el que se enseñoreaba de las naciones con ira, y las perseguía con crueldad” (v.6).

Luego describe lo que producirá su caída entre los moradores de la tierra e, incluso, el notable cambio en la naturaleza misma:

Toda la tierra está en reposo y en paz; se cantaron alabanzas Aun los cipreses se regocijaron a causa de ti, y los cedros del Líbano, diciendo: Desde que tú pereciste, no ha subido cortador contra nosotros. El Seol abajo se espantó de ti; despertó muertos que en tu venida saliesen a recibirte, hizo levantar de sus sillas a todos los príncipes de la tierra, a todos los reyes de las naciones. Todos ellos darán voces, y te dirán: ¿Tú también te debilitaste como nosotros, y llegaste a ser como nosotros? (vv.7-10).

No puede haber ninguna duda que la descripción, en estos versos, alude a un hombre de carne y huesos, a un ser humano semejante a nosotros; aunque con mucho poder y autoridad, pero finalmente un hombre —el rey de Babilonia. «Cómo caíste del cielo», se refiere precisamente a la forma en que terminó su imperio y poderío. Aquel que debilitaba las naciones fue derribado hasta ser reducido a nada (cortado fuiste por tierra).

     El capítulo 13 revela cuál  sería el pueblo que usaría Dios para derribar a este monarca: «He aquí que yo despierto contra ellos a los medos, que no se ocuparán de la plata, ni codiciarán oro» (v.17). Daniel 5:30 y 31 dice sobre el fin del imperio babilónico:

«La misma noche fue muerto Belsasar rey de los caldeos. Y Darío de Media tomó el reino, siendo de sesenta y dos años».

Si volvemos a Isaías 13 leeremos cómo quedaría Babilonia después de la invasión de los medos: “Y Babilonia, hermosura de reinos y ornamento de la grandeza de los caldeos, será como Sodoma y Gomorra, a las que trastornó Dios” (v.19).

Es muy evidente que la descripción de este pasaje corresponde única y exclusivamente a Belsasar, último rey de Babilonia. Cortado fuiste por tierra, significa su exterminio total, su muerte. El verso 11 dice: Descendió al Seol (sepulcro) tu soberbia, y el sonido de tus arpas; gusanos serán tu cama, y gusanos te cubrirán. Si este pasaje aludiera a Satanás, ¿por qué dice la profecía que su soberbia descendió al sepulcro?  Sencillamente porque no está hablando de un ser espiritual ni de un ángel caído. Los espíritus no pueden morir, ni mucho menos pueden quedar encerrados en un sepulcro; aquí simplemente se está hablando de una persona. Los versos 16 y 17 confirman aun más esta tesis: Se inclinarán hacia ti los que te vean, te contemplarán, diciendo: ¿Es éste aquel varón que hacía temblar la tierra, que trastornaba los reinos; que puso el mundo como un desierto, que asoló sus ciudades, que a sus presos nunca abrió la cárcel?

Pretender ver en la profecía de Isaías 14 una alusión a Satanás, me parece que solo es posible cuando se tiene una mente totalmente impregnada de una filosofía dualista, que es la que lamentablemente posee el cristianismo actual. El pasaje es muy claro y preciso en su descripción, obviamente entendiendo el estilo literario de la lengua hebrea de la época. Revisemos nuevamente los versículos 16 y 17.

Se inclinarán hacia ti los que te vean, te contemplarán, diciendo: ¿Es éste aquel varón que hacía temblar la tierra, que trastornaba los reinos; que puso el mundo como un desierto, que asoló sus ciudades, que a sus presos nunca abrió la cárcel?

¿Le parece a usted que aquí se esté describiendo a un ser espiritual? —No —la verdad que no. El texto alude a aquel varón que hacía temblar la tierra y que trastornaba los reinos. Describe a un tirano, a un poderoso monarca que Dios redujo a polvo. Es más, los versos 18 al 20 mencio­nan que ni siquiera hubo sepulcro digno de rey para él. El rey de Babi­lonia no sería sepultado, en la hora de su muerte, como los demás reyes de la tierra; la razón, porque esa noche la ciudad fue teñida de sangre y el cuerpo de Belsasar pudo confundirse, probablemente, en medio de la gran mortandad que los invasores sembraron sobre Babilonia.

Ezequiel 28:12-19

El otro pa­saje favorito de los defensores de este postulado es Ezequiel 28:12 al 19 y que al igual que éste, que acabamos de revisar,  no trata del origen de Satanás, sino que es una profecía específicamente sobre el rey de Tiro.

12Hijo de hombre, levanta endechas sobre el rey de Tiro, y dile: Así ha dicho Jehová el Señor: Tú eras el sello de la perfección, lleno de sabiduría, y acabado de hermosura. 

13En Edén, en el huerto de Dios estuviste; de toda piedra preciosa era tu vestidura; de cornerina, topacio, jaspe, crisólito, berilo y ónice; de zafiro, carbunclo, esmeralda y oro; los primores de tus tamboriles y flautas estuvieron preparados para ti en el día de tu creación.

14Tú, querubín grande, protector, yo te puse en el santo monte de Dios, allí estuviste; en medio de las piedras de fuego te paseabas.

15Perfecto eras en todos tus caminos desde el día que fuiste creado, hasta que se halló en ti maldad. 

16A causa de la multitud de tus contrataciones fuiste lleno de iniquidad, y pecaste; por lo que yo te eché del monte de Dios, y te arrojé de entre las piedras del fuego, oh querubín protector.

17Se enalteció tu corazón a causa de tu hermosura, corrompiste tu sabiduría a causa de tu esplendor; yo te arrojaré por tierra; delante de los reyes te pondré para que miren en ti.

18Con la multitud de tus maldades y con la iniquidad de tus contrata­ciones profanaste tu santuario; yo, pues, saqué fuego de en medio de ti, el cual te consumió, y te puse en ceniza sobre la tierra a los ojos de todos los que te miran.

19Todos los que te conocieron de entre los pueblos se maravillarán so­bre ti; espanto serás, y para siempre dejarás de ser.

Ezequiel 28 e Isaías 14 son los pasajes favoritos para quienes promueven la falsa doctrina sobre el origen de Satanás. Y digo falsa, porque definitivamente ésta no tiene lugar en las Sagradas Escrituras, sino que obedece a suposiciones fundadas sobre  leyendas mitológicas que describían el origen de muchas de las deidades de los pueblos antiguos. Leyendas que la religión consideró interesantes, como punto de referencia, para encontrar en la Biblia  algo que insinuara, al igual que en la mitología, el origen del dios antagónico al Ser supremo, es decir: «cómo fue que nació Satanás».

¿Qué significa en realidad el pasaje que acabamos de leer?

Si uno lee con entendimiento, aplicando sentido común a la lectura, y considerando responsablemente la gramática en el texto, debe concluir que el oráculo de Ezequiel 28 tiene un destinatario definido, el rey de Tiro: «Hijo de hombre, levanta endechas sobre el rey de Tiro, y dile: Así ha dicho Jehová el Señor: Tú eras el sello de la perfección, lleno de sabiduría, y acabado de hermosura» (v.12). No existe ninguna palabra o signo, en todo el pasaje, que insinúe que la profecía podría tener siquiera una doble referencia. Si usted observa bien, es a partir de los primeros versículos de Ezequiel 28 que se está afirmando a quien va dirigida la sentencia, y, además, las razones por las qué Dios ha determinado semejante castigo para este monarca: «Hijo de hombre, di al príncipe de Tiro: Así ha dicho Jehová el Señor: Por cuanto se enalteció tu corazón, y dijiste: Yo soy un dios, en el trono de Dios estoy sentado en medio de los mares (siendo tú hombre y no Dios), y has puesto tu corazón como corazón de Dios» (v.2).  Si este versículo, como la totalidad del pasaje, estuviera referido al origen de Satanás, ¿cómo podría explicarse el hecho de que quien está recibiendo la sentencia sea tratado simplemente como un ser humano? —Observe:

  • di al príncipe de Tiro (v.2)   —No dice: di a Lucifer, sino di al príncipe de Tiro.
  • siendo tú hombre y no Dios (v.2)  —No es un espíritu, sino simplemente un hombre.
  • Al sepulcro te harán descender (v.8) —Si se hubiese tratado de un ángel, los ángeles son espíritus, por lo tanto no mueren; no necesitan ser enterrados en sepulcros.
  • Tú, hombre eres, y no Dios, en la mano de tu matador (v.9) —No simplemente  es un hombre,  sino —además, alguien lo mataría
  • De muerte de incircuncisos morirás por mano de extranjeros (v.10) —Nuevamente se menciona su condición humana, pero en un estado rebajado: incircunciso, es decir, miserable para la mentalidad hebrea.
  • Por la abundancia de tu comercio, te llenaste de violencia, y pecaste (v.16 – NVI) —Se describe a un hombre muy hábil en sus transacciones comerciales con los demás reyes, por lo que llegó a ser muy poderoso, económicamente hablando, razón que los descolocó en sus sentimientos,  llenándose de orgullo y codicia:

Era tan singular tu belleza que te volviste muy orgulloso.

¡Tu orgullo y tu hermosura te hicieron perder la cabeza!

Por eso te arrojé al suelo y en presencia de los reyes te hice quedar en ridículo (v.17 – TLA)

Ahora bien, lo que distrae al teólogo e intérprete bíblico es el lenguaje figurado empleado entre los versículos 13 y 17, lo cual  hace que no advierta claramente el verdadero sentido de la profecía. La expresión: En Edén, en el huerto de Dios estuviste, no significa que el personaje señalado haya estado en el huerto del Edén literalmente, sino sencillamente se refiere a la posición esplendorosa que éste disfrutó durante su vida. En primer lugar, pertenecía a un linaje real, es decir, estuvo en la más alta posición en la que un ser humano podría vivir. Huerto del Edén, en este contexto, es símbolo de abundancia y gloria, como puede apreciarse también en el siguiente verso:

Ez. 36:35 “Y dirán: Esta tierra que era asolada ha venido a ser como huerto del Edén; y estas ciudades que eran desiertas y asoladas y arruinadas, están fortificadas y habitadas”.

Ezequiel recurre al lenguaje figurado para describir características importantes del rey de Tiro, algo muy usual en la profecía. Generalmente tales características estaban relacionadas con la cultura, leyendas e, incluso, con la geografía del lugar citado por el profeta.

Al igual que en la profecía de Isaías 14, en donde pudimos observar muy claramente, la sentencia apunta en primer lugar a la ciudad y luego a su rey, por lo tanto, podemos decir que la profecía de Ezequiel 28 comienza en el capítulo 26, con la sentencia de la caída de Tiro a manos del rey de Babilonia (v.7).

Es más que obvio que el oráculo va dirigido a un rey quien era muy conocido por los reyes del antiguo oriente y, además, por la estrecha relación que mantuvo por años con el pueblo de Dios, en sus más importantes gobernantes: David y Salomón. Debe saber usted que fue el rey de Tiro quien suministró gran parte de los materiales, como madera de cedro y ciprés, además de mucho oro, para la construcción tanto de la casa de David como finalmente para el templo[3].

A continuación me gustaría que leyera el pasaje de Ezequiel 28 en una versión diferente: Traducción en Lenguaje Actualizado (TLA), y luego compárelo con la versión tradicional Reina-Valera 60. Haciendo este ejercicio se puede concluir, más categóricamente, que la profecía de Ezequiel 28 no tiene ninguna doble referencia, sino únicamente  la que estuvo en la mente del profeta en el momento de pronunciarla. 

Lamento por el rey de Tiro (Versión TLA)

11Dios también me dijo:

12Ezequiel, entona un canto fúnebre por el rey

de Tiro. Dile de mi parte lo siguiente:

Tú, rey de Tiro,

eras perfecto en todo;

tu sabiduría y tu belleza

no tenían comparación.

13Vivías en el jardín de Edén,

y te adornabas con piedras preciosas.

Tus joyas y tus aretes

estaban hechos de oro,

y desde el día de tu nacimiento

estuvieron a tu disposición.

14Un ángel te protegía,

mientras pisabas piedras de fuego

en el monte elegido por Dios.

15Desde el día en que naciste

te habías portado bien,

pero un día mostraste tu maldad.

16En los muchos negocios que hacías,

llegaste a ser muy violento.

Por eso te arrojé de mi montaña.

¡El ángel que te protegía

te alejó de las piedras de fuego!

17Era tan singular tu belleza

que te volviste muy orgulloso.

¡Tu orgullo y tu hermosura

te hicieron perder la cabeza!

Por eso te arrojé al suelo

y en presencia de los reyes

te hice quedar en ridículo.

Finalmente, como un último aporte para una mejor comprensión de este pasaje, podría decir que el rey de Tiro se   había enriquecido colosalmente a causa de sus astutas negociaciones con los demás reyes de la tierra (v.16). Además, el rey de Tiro tenía grandes intereses en Israel, pues poseía tierras que Salomón le habría regalado en gratitud por todo los materiales y todo el oro que el rey de Tiro, Hiram, donó para la construcción del templo y el palacio real en Jerusalén (1Re.9:10 y 11). La expresión: «Yo te eché del santo monte de Dios» (v.16), significa: «te expulsé de la tierra de mi pueblo», quienes están simbolizados, en este pasaje, por las piedras de fuego. La estrecha relación que había entre Tiro e Israel se acabó para siempre. El rey de Tiro dejó de ser el querubín protector de los hebreos.


[1] Puede revisarlo con el diccionario Strong o con la biblioteca bíblica electrónica e.sword.

[2] Jue.20:26; 1Sam.2:18; Jer.36:9; Hech.10:33.

[3] 1Crónicas 14:1; 1Reyes 5; 1Reyes 9:10-13

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7 comentarios sobre “SATANÁS EN EL ANTIGUO TESTAMENTO

  1. excelente!! usted es cristadelfiano? yo soy testigo de jehová y en mi estudio personal llegué a las mismas conclusiones que usted. lamentablemente en mi organización aún están influenciados por el resto de la cristiandad en el entendimiento sobre este tema. saludos

    1. Hola hermano. No, no soy cristadelfiano, simplemente me considero un hijo de Dios, y no represento a ninguna organización en particular.Pero estoy muy de acuerdo con lo que escribe uno de sus más grandes representantes: Duncan Heaster, en su libro: “El verdadero diablo”.

  2. Que excelente articulo, un inmenso aporte para derrumbar la gran cantidad de confusiones que se tiene en cuanto a este tema tan importante. Gracias!

  3. Saludos; entiendo gran parte en lo que se refiere al antiguo testamento pero tengo duda en el nuevo testamento y aun mas en apoca 12 me gustaria me oriente en este capitulo .de antemano el senor lo bendiga.

  4. Saludos Hermano Eduardo Mondaca. Soy Juan Carlos Peña Marrero Pastor en Puerto Rico. Le bendigo siempre en el Señor Jesucristo. Ciertamente le tengo que felicitar por la discertación en este artículo sobre el tema de Satanás en El Antiguo Testamento. La mayoría de los creyentes en PR y en el resto del mundo necesitan adentrarse en este análisis crítico sobre el tema del mal en los escritos del Antiguo y el Nuevo Testamento. Es de suma importancia el trasfondo crítico textual e histórico sobre este tema. Los estudiosos como Duncan Heaster, Reynado Estrada y otros entienden que en el periodo antes del exilio del pueblo de Israel no había un concepto o noción sobre un Satanás personal y espiritual como adversario de las almas. Eso se desarrolló después en un proceso paulatino. De hecho, mucho de lo que los escritores bíblicos presentan como textos que aparentan hablar de un adversario más bién se dieron con la intención de deconstruir las ideas paganas de ídolos y otros dioses que los judíos asimilaron de los pueblos bajo los cuales estuvieron cautivos para dejar claro que solamente Yahvé es quien está en cada asunto del pueblo, aun en las pruebas. La cristiandad moderna ha socavado esto haciendo de Dios un Dios complaciente e indulgente. Pero el asunto es mucho más complejo. Ciertamente las expresiones de Pablo en 2 Corintios 11:3 hablan de la mente o sentidos usando, igual que en Genesis 3:1-7, el modo alegórico para expresar el estado del corazón de la congregación de Corinto en aquel momento. Le felicito. Gracias por ser objetivo y procurar la verdad dentro de las escrituras.

  5. Quiero añadir que Jesús mismo no corrigió a la gente de su era en ese asunto del diablo porque era el lenguaje de la época y muy arraigado en la mente del pueblo. Por ejemplo en el libro de los Hechos 10:37-38 Pedro relata el testimonio de Cristo después del bautismo de Juan y dice: Como Dios ungió con Espíritu Santo y con poder a Jesús de Nazaret , y como éste aduvo haciendo bienes y sanando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él. Este relato testifical del Apóstol Pedro el cas de Cornelio el Centurión romano nos deja ver un aspecto de los actos de Jesús como sanador de la opresión del diablo. Pero este diablo es una forma alegórica de expresar el pecado, el mal, la opresión mental y todos los males concernietes derivados del pecado como enfermedades que fueron sanadas por El Señor. En el Antiguo Testamento tenemos Isaías 53:4-5 profetizando sobre esos actos del Mesías para sanar, no solamente las enfermedades físicas, sino también las del alma y el espíritu, a través de sus actos por el poder de Dios que incluye su consumación más contundente: Su muerte redentora. Bendiciones para usted y para todos.

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