LOS PRINCIPIOS DE DOLORES

portada6Y  oiréis de guerras  y rumores  de guerras; mirad  que no  os  turbéis, porque  es  necesario  que  todo esto acontezca;  pero aún no es el fin. 

7Porque se levantará nación contra nación, y reino contra reino; y  habrá pestes,  y hambres, y terremotos en diferentes lugares. 

8Y todo esto será principio de dolores. 

Guerras y rumores de guerras

     Considerando que el siglo que a la mayoría nos ha tocado vivir (siglo veinte) sufrió los horrores de dos injustificadas guerras mundiales, las que costaron la vida —según cifras estimativas— de unos 60 millones de personas, y para qué decir de las centenares de guerras menores que han continuado desde aquellas hasta hoy y en donde otros tantos millones más han muerto, es fácil tentarse a creer que la profecía de Jesús en el monte de los Olivos encuentra su cumplimiento fiel justamente en nuestro tiempo. Se debe tener en cuenta que el  tiempo que cubren estos capítulos (Mateo 24, Marcos 13 y Lucas 21), es siempre durante la generación que oyó a Jesús decir estas palabras (Mt.24:34). No pueden sacarse de contexto algunos versos y situarlos en otras épocas, esto es una falta a las leyes de la interpretación. Aceptando que esto es así, paso a explicar los versículos leídos.

     Cornelio Tácito, historiador romano (56-117 d/C.), en su obra: “Los Anales”, describe una serie de guerras que ocurrieron bajo el mundo romano del primer siglo. Sus sangrientas conquistas, guerras civiles, alzamiento de nación contra nación y de reino contra reino, fueron sucesos casi cotidianos durante los años posteriores a la predicción de Jesús. En el capítulo XLIII del libro duodécimo, Tácito narra hechos sorprendentes acaecidos durante el reinado de Claudio. Es impresionante como el relato del historiador coincide con el discurso de Jesucristo en el Monte de los Olivos. Él dice: “por aquel año (52 d/C.) sucedieron muchos prodigios. Muchas casas fueron destruidas por los continuos terremotos; la gente vivía dominada por el miedo; la tierra no producía, y había gran escasez de alimentos; el hambre aumentaba y las masas enloquecían a causa del hambre”. Tácito escribe que en realidad en Roma no había más comida que para 15 días, y atribuye mérito a los dioses romanos, quienes habrían concedido un blando invierno por lo que se pudo realizar un libre comercio por el mar y de este modo abastecer la ciudad con víveres. El capítulo XLIV  narra los grandes movimientos producidos entre partos y romanos, por la guerra que se levantó por aquel mismo año entre armenios e iberos.[1]

     Algo muy similar escribe también Josefo (30-100) en su libro: “Las guerras de los judíos”, diciendo que las guerras civiles romanas eran tan comunes dentro del imperio, que prefería “omitir” detalles sobre ellas por ser éstas bien conocidas por todos. Al referirse a la guerra que los romanos hicieron contra su pueblo se puede leer, en la primera frase del prólogo de Flavio Josefo a los siete libros de las guerras de los judíos, la siguiente confesión:

«Porque la guerra que los romanos hicieron con los judíos es la mayor de cuantas nuestra edad y nuestros tiempos vieron, y mayor que cuantas hemos jamás oído de ciudades contra ciudades, y de gente contra gente».

Al terminar el primer párrafo de este prólogo, Josefo dice:

«Porque cuando, como dije, se movió esta gravísima guerra, estaba con guerras civiles y domésticas  muy revuelta la  republica romana»[2].

Solo hay que darse el trabajo de investigar en libros y fuentes adicionales a la Biblia, para percatarse que todo cuanto Jesús predijo en los evangelios tuvo su fiel cumplimiento en el tiempo que él dijo que sería.

 Pestes, y hambres, y terremotos

7Porque se levantará nación contra nación, y reino contra reino; y habrá pestes, y hambres, y terremotos en diferentes lugares. 

     Pestes y hambres, se podrían vincular perfectamente con las muchas guerras que asolaron la tierra habitada de aquel entonces. Mortandad por doquier, cuerpos putrefactos contaminando el medio ambiente pudieron, fácilmente, traer enfermedades, pestes y escasez de alimentos a la población más vulnerable de la época tal cual como lo expone Tácito en el extracto de los dos capítulos que he puesto más arriba. Lucas, en el versículo paralelo a éste describe estos acontecimientos así:

Lc. 21:11 “y habrá grandes terremotos, y en diferentes lugares hambres y pestilencias; y habrá terror y grandes señales del cielo”.

     Marcos 13:8 enfatiza también en estos “principios de dolores” con sediciones, terremotos en diferentes lugares, hambre y alboroto; por tanto, tenemos el testimonio bíblico y el histórico que nos confirman de que estas señales se cumplieron en el primer siglo, y previo a la caída de Jerusalén.

     Hechos de los apóstoles registra un importante dato sobre una gran hambruna en toda la tierra habitada, la cual debió ocurrir en los años 50 del primer siglo cuando Claudio gobernaba Roma. Este hecho también lo registra Eusebio en su obra: “Historia Eclesiástica”, escrita en los primeros años del siglo cuarto [3].

Hech. 11:27-29  27En aquellos días unos profetas descendieron de Jerusalén a Antioquía.

28Y levantándose uno de ellos, llamado Agabo, daba a entender por el Espíritu, que vendría una gran hambre en toda la tierra habitada; la cual sucedió en tiempo de Claudio.

29Entonces los discípulos, cada uno conforme a lo que tenía, determinaron enviar socorro a los hermanos que habitaban en Judea;

     La ofrenda para los santos que se registra en los primeros versículos de 1Cor.16 y Rom.15:26 tenía por objeto ir en ayuda de los pobres que habían en las congregaciones de Jerusalén y Judea, lo cual quedó escrito —como un testimonio real— de que el hambre era extremadamente grande en la tierra de Palestina por aquel tiempo. Estas calamidades se cumplieron años antes que comenzara “la gran tribulación” para los judíos. Jesús  había dicho que el fin no llegaría de inmediato, sino que esto sería «principios de dolores» solamente (v.8).


[1] http://www.antorcha.net/biblioteca_virtual/historia/tacito/12a.html. Puede visitar esta dirección de internet y leer el libro virtual completo de Los Anales de Tácito. La dirección escrita aquí corresponde, principalmente, a la página en que aparecen  los capítulos XLIII y XLIV del libro duodécimo de Los Anales. El libro duodécimo  cubre el periodo entre los años 49 d/C. y 53 d/C., siendo Claudio el emperador romano de turno.

[3] Libro Tercero, cap. 6 “Acerca del hambre que angustió a los judíos”. Edición en español de Historia Eclesiástica de Eusebio. Publ. por CLIE. Año 2008.

Puede leerlo en: http://lapalabrarevelada.com/acerca-del-hambre-que-angustio-a-los-judios/

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