EL GRAN DÍA DE EXPIACIÓN REPRESENTA NUESTRA ETERNA REDENCIÓN


Del libro ¿ENTIENDES LO QUE LEES? Cap. II (Entendiendo la Biblia en términos de Pactos),

escrito por Eduardo Mondaca

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2015-05-05 11.16.30La razón por la que los sacrificios en el viejo pacto no satisficieron la necesidad del hombre de una justicia perfecta, radicó esencialmente en la calidad de las ofrendas y en la del ofrendante. En primer lugar, el sumo sacerdote, encargado de realizar la ceremonia de expiación por el pecado, era él mismo un necesitado de esa expiación, lo cual debilitaba inmediatamente el efecto del acto (Hebr.7:27). Por otro lado, la ofrenda ofrecida por el pecado eran animales, por lo tanto, no podían quitar los pecados del pueblo (v.7). “Pero estando ya presente Cristo, sumo sacerdote de los bienes venideros,  por el más amplio y más perfecto tabernáculo, no hecho de manos, es decir,  no de esta creación, y no por sangre de machos cabríos ni de becerros,  sino por su propia sangre,  entró una vez para siempre en el Lugar Santísimo,  habiendo obtenido eterna redención” (Heb.10:11,12). Se da cuenta, al venir Cristo, el sumo sacerdote de los bienes venideros y ofrecerse a sí mismo por nosotros para redimirnos de toda iniquidad (Tit.2:14), obtuvimos “eterna redención”. En el viejo pacto, el perdón de los pecados no dependía del pueblo en sí, sino del acto sacrificial que se realizaba en el altar y el santuario. Un hecho importante a destacar aquí, es que los machos cabríos para el sacrificio eran tomados de entre el pueblo (v.5), indicando con esto que tales animales morirían como sustitutos en lugar del pueblo, lo cual era sombra y figura del Dios encarnado, quien sería nuestro vicario perfecto en el futuro. Ahora bien, si aquello era sombra del sacrificio perfecto de Cristo, quiere decir entonces que nuestra salvación o el perdón de nuestros pecados, no depende de nosotros, sino de lo que hizo Cristo en la cruz por nosotros; por lo que podemos afirmar que nuestra salvación es eterna, y que ya nadie podrá condenarnos jamás: ¿Quién es el que condenará?  Cristo es el que murió;  más aun,  el que también resucitó,  el que además está a la diestra de Dios,  el que también intercede por nosotros (Rom. 8:34).

     El siguiente aspecto a considerar de esta ceremonia, es quizás el más importante y significativo de todos, pero al mismo tiempo el único ignorado o pasado por alto en la teología tradicional. Se trata del acto en donde el sumo sacerdote entraba detrás del velo, luego de haber realizado  expiación  por  los  pecados  propios y los del pueblo, llevando la sangre de las víctimas inocentes que habían muerto en lugar de ellos y presentándolas en el propiciatorio, dentro del lugar santísimo, estando aun con  sus ropas de siervo, lo cual era figura del acto sublime y glorioso de nuestro Señor y Salvador Jesucristo, quien después de ofrecerse a sí mismo en la cruz como expiación, no por él, sino por nosotros, subió a los cielos y entró en el verdadero santuario, no de esta creación, sino a la presencia misma de Dios, y no con sangre de animales, sino con su propia sangre (Heb.9:11 y 12) se presentó ante el Padre como una ofrenda viva y perfecta, tal cual como el apóstol Juan en Apocalipsis 5:6  lo ve:  “Y miré, y vi que en medio del trono y de los cuatro seres vivientes, y en medio de los ancianos, estaba en pie un Cordero como inmolado”, es decir recién sacrificado, dando testimonio de que la obra de la redención estaba consumada y, por lo tanto, sólo él era digno de tomar el libro que estaba en la mano derecha del que estaba sentado en el trono. Ese libro era el Nuevo Pacto[1], el que hablaba de un camino nuevo y vivo que él nos abría a través de su cuerpo herido (Heb.10:20). Pero faltaba algo: La coronación de toda esta ceremonia; el momento de mayor expectación de los hebreos, por lo que habían esperado un año entero. El testimonio viviente que declaraba a Israel que el sacrificio de expiación, ofrecido por sus pecados en el lugar santísimo, había sido aceptado por Dios y que, por lo tanto, podrían vivir tranquilos y confiados por un nuevo año, pues, Dios había perdonado sus pecados. Ese gran momento era cuando el sumo sacerdote salía del santuario al altar que estaba a la entrada del tabernáculo, y a la vista del pueblo para realizar la última parte de este tan significativo ritual, y que consistía en enviar al desierto el macho cabrío que había quedado vivo, con los pecados de todo el pueblo, para luego volver a tomar sus vestidos espléndidos y sellar la ceremonia .

     Lo que va a leer a continuación es la más grande revelación que usted haya leído jamás, y se encuentra escondida precisamente en este último eslabón de la ceremonia levítica, cuando el sumo sacerdote vuelve a ser visto por el pueblo después de haber expiado los pecados en el lugar santísimo. Pero como lamentablemente la influencia de una teología futurista dominante en medio nuestro ha sido tan fuerte, es muy probable que usted nunca lo haya notado, como ocurre con la mayoría de los cristianos en el mundo. Ese tan sublime momento hablaba del segundo advenimiento de nuestro Señor Jesucristo en gloria, suceso que obviamente tuvo que ocurrir durante el primer siglo, cuando aún vivía la generación que oyó a Jesús hablar de su regreso (Mt.24:34), y como lo dilucidaremos en el siguiente segmento.

Cristo debía volver por segunda vez

Hebreos 9: 28 dice: “así también Cristo fue ofrecido una sola vez para llevar los pecados de muchos; y aparecerá por segunda vez, sin relación con el pecado, para salvar a los que le esperan”

     Este es el único versículo de la Biblia en donde aparece el término “segunda vez”, y que tiene relación directa con el regreso de Cristo, lo cual significa que efectivamente Cristo debía volver o aparecer por una segunda vez. El asunto en cuestión es determinar cuándo ocurriría tal evento. La mayoría, como lo mencioné más atrás, cree que este magno acontecimiento aun está en el futuro, pues se asocia la segunda venida de Cristo con el fin del mundo, haciendo una incorrecta interpretación bíblica al unir las palabras fin y mundo en una sola frase, y en asociación con el retorno de Jesús. La Biblia nunca asocia la segunda venida de Cristo con el “fin del mundo”, es más, la Biblia no enseña que habrá un fin del mundo cósmico, y deseo mostrarle algunas escrituras de donde se ha extraído esta equivocada interpretación:

a) La pregunta sobre el fin del siglo (aión)

Mt. 24:3  Y estando él sentado en el monte de los Olivos, los discípulos se le acercaron aparte, diciendo: Dinos, ¿cuándo serán estas cosas, y qué señal habrá de tu venida, y del fin del siglo? 

     En primer lugar, usted debe notar que en Mateo 24:3 los apóstoles no preguntan a Jesús cuando sería el fin del mundo, como aparece en algunas versiones de la Biblia, y que además se enseña en la mayoría de las iglesias evangélicas. La Biblia más usada por el pueblo evangélico latino, es la versión Reina Valera 1960, y ésta traduce correctamente la pregunta hecha por los discípulos: ¿… qué señal habrá de tu venida, y del fin del siglo? La palabra usada en el original griego para mundo en este verso es aión (Strong/ αἰών G165), y significa: edad, siglo, era, periodo de tiempo; mientras que la palabra mundo, que denota a la tierra como planeta o al mundo con sus habitantes es: kosmos (Strong/κόσμος G2889).

b) El Evangelio predicado en todo el mundo y luego el fin 

Mt. 24:14 Y será predicado este evangelio del reino en todo el mundo, para testimonio a todas las naciones; y entonces vendrá el fin.

     Aquí encontramos otro término para denotar mundo, y no es ni aión (siglo), ni kosmos (tierra, planeta), sino que es oikoumene (Strong-οἰκουμένη G3625), y que en este versículo significa “tierra habitada”, lo cual tiene mucha coherencia con el contexto del pasaje, ya que Jesús no está pensando en la evangelización de todo el planeta en ese momento, sino en toda la tierra habitada de esa época, y que correspondía a Europa, Asia y África; los únicos continentes conocidos y conectados entre sí. Cuando él dice que primeramente deberá ser predicado el evangelio del reino a toda la tierra habitada, y luego vendría el fin, se está refiriendo a un periodo de tiempo no más largo que 40 años (una generación), tiempo suficiente para cumplir esta comisión, y que de acuerdo con datos bíblicos se habría logrado dentro de ese plazo. Veamos algunos ejemplos:

Hch. 24:5  Porque hemos hallado que este hombre es una plaga, y promotor de sediciones entre todos los judíos por todo el mundo, y cabecilla de la secta de los nazarenos.

Rom. 1:8  Primeramente doy gracias a mi Dios mediante Jesucristo con respecto a todos vosotros, de que vuestra fe se divulga por todo el mundo.

Col. 1:6  que ha llegado hasta vosotros, así como a todo el mundo, y lleva fruto y crece también en vosotros, desde el día que oísteis y conocisteis la gracia de Dios en verdad,

1Pe. 5:9  al cual resistid firmes en la fe, sabiendo que los mismos padecimientos se van cumpliendo en vuestros hermanos en todo el mundo.

c) Estoy con vosotros…, hasta el fin del mundo

 enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén (Mt. 28:20).

     Uno de los versículos más usados para confirmar la presencia de Cristo en medio de su Iglesia hasta el fin del mundo es Mateo 28:20 (interpretado literalmente); sin embargo, en este versículo, al igual como en Mateo 24:3, la palabra mundo es aión, es decir: siglo o edad, lo cual significaría que Jesús no está prometiendo a sus apóstoles estar con ellos hasta el fin del mundo literal, sino simplemente hasta el último día que dure ese periodo de tiempo, entre su ascensión al cielo y su regreso; tiempo por lo demás, de gran persecución y el cual tendría lugar dentro de esa generación (Mt.24:34). Debo aclarar también, que esto no significa que él no esté hoy con su Iglesia, Cristo, quien es Dios por sobre todas las cosas (Ro.9:5), y la Iglesia, están sentados juntos en los lugares celestiales (Ef.2:6). El punto discutido en este párrafo, es que no se tome este versículo como una prueba bíblica de que “Cristo dijo” que él estaría con su Iglesia hasta el fin del mundo cósmico, o dicho de otra manera, hasta el último día del planeta; ésta es una afirmación que simplemente no aparece en los evangelios. Jesús sólo está hablando con sus apóstoles en una conversación muy personal poco antes de volver al cielo, por lo que no debe interpretarse como una promesa hecha a la iglesia en general. Por otro lado, esta expresión de Jesús: he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo”, bien podría significar el fin de su manifestación como el Hijo de Dios, entendiendo que, de acuerdo con 1Corintios 15:28, una vez que Cristo hubiese consumado todo el propósito de Dios, y habiendo quitado de en medio todos los enemigos incluyendo la muerte, lo cual era el pecado original, él mismo, es decir, el Hijo se sujetaría también al Padre, pero no en el sentido de volver a ser el hijo que Dios siempre tuvo en el cielo a su lado antes de su encarnación, sino en el sentido de que el Hijo, solo había sido una manifestación del único y verdadero Dios, y una vez que esa manifestación cumplió plenamente su cometido, Dios vuelve a ser el que siempre fue, el Dios único y eterno[2].  Hay un verso muy significativo en 1Tim. 3:16, y que dice así: E indiscutiblemente, grande es el misterio de la piedad: Dios fue manifestado en carne, Justificado en el Espíritu, Visto de los ángeles, Predicado a los gentiles, Creído en el mundo, Recibido arriba en gloria. Observe esto nuevamente: Dios “fue” manifestado en carne, tiempo pasado. Ese Dios manifestado en carne se llamó Jesús, lo cual significaba: Dios salva. Pablo dice además en 2 Co.5:16, que a Cristo ya no se le puede conocer según la carne, se lo dice a personas que pudieron haber conocido a Jesús físicamente: “y aun si a Cristo conocimos según la carne, ya no lo conocemos así”. Aquí hay algo que la cristiandad no ha comprendido correctamente, sino que se ha enamorado de una figura o manifestación que ya no existe como tal.

     Volviendo al versículo de 1 Timoteo, la última frase dice: Recibido arriba en gloria. Ahora bien ¿Cómo cree usted que Jesús subió al cielo? ¿Subió con el mismo cuerpo que uso en la tierra? _ Por supuesto que no; entonces dígame ¿Es correcto, que aun hoy continuemos invocando el nombre de Jesús en nuestras oraciones para dirigirnos a Dios? ¿Cree usted que hay alguien en estos momentos en el cielo que se llame Jesús? _ Al parecer todas estas son preguntas que nunca nadie se ha formulado, sin embargo, a mi me parecen muy razonables e inteligentes, y que deberían inquietarnos de alguna manera y provocarnos a una investigación más profunda en la Biblia sobre este respecto, y no dejarnos influenciar simplemente por lo que la mayoría dice y cree. Aunque éste no es el momento ni el capítulo para discutir este tema, sin embargo, ya que lo he tocado quisiera decirle, aunque nuevamente me haga merecedor de su rechazo, que la doctrina de la “trinidad” no es materia de la Biblia, sino que fue introducida por el clero católico recién en el tercer siglo, específicamente en el año 325 d.C. durante el primer Concilio de Nicea convocado por el emperador romano Constantino, precisamente a raíz de una agitada controversia que  dividía a los cristianos de la época en relación a la divinidad  de  Jesucristo[3]. Aunque el dogma de la trinidad fue introducido dentro de la Iglesia varios siglos más tarde, es interesante notar que un tema, aparentemente bíblico, haya tenido ya en aquella época tantos detractores, y que se necesitaron varios concilios, y agregar nuevas opciones, como por ejemplo, poner al Espíritu Santo en el mismo nivel de Dios y de Jesús para aceptar finalmente, por decisión más que por convicción, el dogma de la “santa trinidad”; dogma  que hoy los cristianos defienden a muerte, sin conocer realmente cómo llegó ésta a ser introducida en el credo de la Iglesia recién después de mucha discusión y desacuerdos en la edad media.

d) El fin de todas las cosas

1Pe. 4:7  Mas el fin de todas las cosas se acerca; sed, pues, sobrios, y velad en oración.

     Como puede ver, aquí no se menciona la palabra mundo, en ninguno de los conceptos griegos que expliqué  más arriba, pero sí dice que el fin de todas las cosas se acerca y, como ya sabemos, al igual que en los casos anteriores aquí se ha mal interpretado nuevamente el sentido de la expresión. El apóstol Pedro se está refiriendo al fin de la edad que están viviendo, al viejo pacto, por eso dice que el fin de todas las cosas se acerca. No se refiere al fin del mundo “kosmos”, sino al fin del presente siglo (aión) malo que están aun viviendo, pero ya en su fase final.  Hay muchos otros versículos en el Nuevo Testamento, en donde aparecen las palabras fin y mundo simultáneamente, pero nunca asociados entre sí denotando un “fin del mundo” cósmico (universal). He tomado solo algunos versículos como ejemplos, pero usted puede buscar en una concordancia bíblica, todos los versículos en donde aparece la palabra fin, y se dará cuenta que todos están muy conectados con los que he puesto más arriba.

     Bien, habiendo dilucidado entonces que ha habido un error de interpretación en cuanto a lo que era en realidad el fin de una época o el fin de un siglo denominado en la Biblia como el viejo pacto, continuaremos analizando, por qué creo que el retorno de Jesucristo, de acuerdo con Hebreos 9:28, debió ocurrir en un periodo de tiempo relativamente cercano a la fecha que fue escrita esta carta. En primer lugar, porque el versículo dice claramente que él debía “aparecer”, no volver,  por segunda vez, para salvar a los  que le esperaban. Si éste  es  el  cuadro real y  vivo de  lo que ocurría en el viejo pacto, cuando el sumo sacerdote salía o volvía del lugar santísimo después de haber presentado la sangre como expiación por los pecados del pueblo y con esto poner fin a toda la ceremonia de expiación, mandando al macho cabrío vivo al desierto, y llevando sobre sí las iniquidades de todo Israel, símbolo de lo que Cristo hizo en la cruz (Is.53:6), significaría entonces que mientras Jesús no regresa por segunda vez, el sacrificio de expiación por el pecado está incompleto; porque dice: “para salvar a los que le esperan”, lo cual si él aun no regresa, no se podría hablar de un sacrificio perfecto, pues, aun el hombre no ha sido salvo. Cuando se escribió la carta a los hebreos faltaba muy poco para el año 70, el escritor cree que ya Cristo ha presentado su sangre en el verdadero lugar santísimo que es el cielo y ha recibido la aprobación del Padre (Heb.9:12), por lo que él expresa su certeza de que Cristo ha de volver muy pronto para manifestar con su presencia que la redención ha sido consumada perfectamente; que ya somos salvos por la eternidad, por su sola ofrenda, hecha una vez para siempre, y que podemos entrar confiadamente en su santuario, porque él nos ha abierto un camino nuevo y vivo con su sacrificio (Heb.10:20). El escritor anima y amonesta a los hermanos a no dejar de congregarse, y tanto más, les dice él, cuando veis que aquel día se acerca (Heb.10:25). ¿A cuál día se refiere? _  Al día de la redención.

     En Lucas 21 Jesús hablando de todas las calamidades   que  ocurrirían a Jerusalén durante su destrucción, la cual tuvo lugar en el año 70 d/C., él pone este horrendo holocausto como señal fundamental para su segunda venida:

Lc. 21:20-27  20Pero cuando viereis a Jerusalén rodeada de ejércitos, sabed entonces que su destrucción ha llegado.
21Entonces los que estén en Judea, huyan a los montes; y los que en medio de ella, váyanse; y los que estén en los campos, no entren en ella.
22Porque estos son días de retribución, para que se cumplan todas las cosas que están escritas.
23Mas ¡ay de las que estén encintas, y de las que críen en aquellos días! porque habrá gran calamidad en la tierra, e ira sobre este pueblo.
24Y caerán a filo de espada, y serán llevados cautivos a todas las naciones; y Jerusalén será hollada por los gentiles, hasta que los tiempos de los gentiles se cumplan. 25Entonces habrá señales en el sol, en la luna y en las estrellas, y en la tierra angustia de las gentes, confundidas a causa del bramido del mar y de las olas; 26desfalleciendo los hombres por el temor y la expectación de las cosas que sobrevendrán en la tierra; porque las potencias de los cielos serán conmovidas.
27Entonces verán al Hijo del Hombre, que vendrá en una nubecon poder y gran gloria.

El paralelo de este pasaje, lo encontramos también en Mateo 24, en donde después que Jesús  narra todas las atrocidades que ocurrirían a  Jerusalén, en los versículos 29 y 30 dice lo siguiente:

29E inmediatamente después de la tribulación de aquellos días, el sol se oscurecerá, y la luna no dará su resplandor, y las estrellas caerán del cielo, y las potencias de los cielos serán conmovidas.
30Entonces aparecerá la señal del Hijo del Hombre en el cielo; y entonces lamentarán todas las tribus de la tierra, y verán al Hijo del Hombre viniendo sobre las nubes del cielo, con poder y gran gloria.

     Dice: “Inmediatamente” después de la tribulación de aquellos días, no dice dos mil años después, sino inmediatamente después de la caída de Jerusalén; porque ese es el contexto. ¿Qué ocurrirá? _ Aparecerá la señal del Hijo del Hombre. Esa palabra es importante. No dice que aparecerá Cristo en persona, sino: “la señal” del Hijo del Hombre viniendo sobre las nubes del cielo. ¿Qué tiene que ver esto con la redención de la que estábamos hablando? Ah, es que Jesús no concluyó allí su discurso de Lucas 21, sino que él continuó diciendo:

Cuando estas cosas comiencen a suceder, erguíos y levantad vuestra cabeza, porque vuestra redención está cerca (Lc. 21:28).

¿Se da cuenta, cómo las piezas van calzando perfectamente una a una en este complejo rompecabezas? Volvamos a Hebreos 10 para ir terminando nuestro análisis sobre la inminente venida de Cristo en un futuro muy cercano a ellos, según su propio escritor.

     La venida de Cristo era para la iglesia del primer siglo la más grande promesa de libertad y de triunfo en medio de tanta hostilidad y persecución. Tito 2:13 dice: “aguardando la esperanza bienaventurada y la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo”. Nada podía ser más alentador y esperanzador  para  los hermanos de aquel tiempo, que esperar el pronto retorno de su Señor en gloria. Por eso el escritor a los hebreos les anima con estas palabras:

35No perdáis, pues, vuestra confianza, que tiene grande galardón;
36porque os es necesaria la paciencia, para que habiendo hecho la voluntad de Dios, obtengáis la promesa.
 37Porque aún un poquito, Y el que ha de venir vendrá, y no tardará (Heb. 10:35-37).

      “Porque aún un poquito”, y el que ha de venir vendrá, y no tardará. No entiendo cómo los teólogos e intérpretes bíblicos no pueden apreciar o aceptar que estas sencillas palabras, son la más grande confirmación de que Cristo era esperado por la iglesia primitiva en sus días; que para ellos, la consumación de los siglos había llegado con la muerte de Jesucristo (Heb.9:26), y el fin total se completó con la destrucción de Jerusalén en el año 70 d/C.,  y que de no haber venido, el evangelio predicado por Jesús y posteriormente por los apóstoles hubiese sido el engaño más grande de la historia. Pero como yo creo que sí vino, porque la Biblia así lo da a entender, y que gracias a que él ya vino en gloria y juzgó al mundo de entonces, nosotros hoy estamos sentados en los lugares celestiales (Ef.2:6), y podemos reinar sobre la tierra (Ap.5:10). La autoridad y dominio que el primer hombre perdió en el paraíso, Cristo lo recuperó para nosotros con su sacrificio y posterior regreso.

     Deseo cerrar este capítulo, citando nuevamente el versículo que lo encabeza: Heb. 9:15 (NVI) “Por eso Cristo es mediador de un nuevo pacto,  para que los llamados reciban la herencia eterna prometida,  ahora que él ha muerto para liberarlos de los pecados cometidos bajo el primer pacto”. Con la muerte de Cristo, murió también el pacto entre Dios e Israel; es decir, Dios a partir del sacrificio de Cristo ya no tiene ningún compromiso “legal” con Israel, y del mismo modo Israel para con Dios. El matrimonio quedó disuelto por la muerte de una de las partes, por lo tanto, queda anulado, no existe más. La perpetuidad del pacto, no significaba que nunca  habría de terminar, sino que es perpetuo o eterno mientras éste dura o tiene vigencia. El primer pacto tenía una misión de ser: servir de sombra para lo que vendría en el futuro, y que era el establecimiento del reino de Dios en la tierra a través de Cristo y  su iglesia, y esa era su eternidad; por tanto, cuando Cristo y su iglesia entraron en escena, el viejo pacto terminó su cometido, perdió su vigencia y tuvo que desaparecer. “Porque la mujer casada está sujeta por la ley al marido mientras éste vive; pero si el marido muere, ella queda libre de la ley del marido” (Rom. 7:2)

     Ahora bien, las promesas hechas a Israel se cumplen en la Iglesia. Dios salvó al remanente  fiel de Israel en el primer siglo, el resto desapareció junto con su ciudad, su templo y su pacto. Al decir “llamados” (Heb.9:15), se refiere a la simiente elegida, y no solamente judía, sino a todos los escogidos en Cristo, ellos  recibirían la herencia eterna prometida.

     La muerte de Cristo cumplió dos objetivos supremos: el primero, fue liberar para siempre a los que vivieron bajo la maldición del primer pacto; nosotros no estuvimos bajo ese pacto, pues, solo fue para Israel, por tanto, nosotros no hemos sido liberados de ninguna ley o maldición. El segundo gran objetivo, y quizás el más importante de los dos, porque involucra al mundo entero, fue morir para expiar el pecado de Adán o pecado “original”, como es mejor conocido. Esto significa que toda la descendencia humana, desde Adán hasta Cristo, quienes vivieron bajo la maldición del pecado de Adán, quedó completamente libre por el sacrificio de Cristo. Aunque a usted le parezca extraño, a nosotros no nos involucra ninguna de esas dos maldiciones, puesto que nosotros nacimos después del cumplimiento de todas las cosas. Nosotros fuimos beneficiados con el resultado final del sacrificio de Cristo, pero no estuvimos incluidos en la causa de su muerte. Nosotros nacimos libres, santos y perfectos y amados hijos de Dios.

     El propósito de venir Jesús al mundo fue para devolver al género humano  aquello que el primer hombre  perdió  a causa  de su     desobediencia: el derecho a comer del árbol de la vida y vivir eternamente. Ese árbol tipificaba a Cristo, la vida misma. Nosotros no vivimos la transición entre dos pactos, ni fuimos trasladado de un reino a otro. Nacimos en lo que Pablo denominó: “los siglos venideros” (Ef.2:7); nacimos libres de pactos, de leyes, de condiciones, libres de todo; nacimos sentados en los lugares celestiales y no tuvimos que pasar de muerte a vida, porque nacimos “eternos” en el sentido que Dios está en nosotros.

Jn. 5:24  “De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida”.

     Entender la Biblia en términos de pactos es esto sencillamente: El viejo pacto fue de muerte  y condenación (2Cor.3:7, 9), pero el nuevo pacto es de vida y de justicia.

Rom. 5:17  “Pues si por la transgresión de uno solo reinó la muerte, mucho más reinarán en vida por uno solo, Jesucristo, los que reciben la abundancia de la gracia y del don de la justicia”. 

     No hay otro mensaje más importante en toda la Biblia que éste: Vida Eterna. Todos los que vivieron desde Adán hasta Cristo, vivieron bajo pactos condicionados, y que por lo mismo, resultaron ser “pactos de muerte”; hoy nosotros vivimos bajo una nueva ley, la ley del Espíritu de vida que es Cristo Jesús (Ro.8:2).

1Co. 15:45 (NVI)  Así está escrito: “El primer hombre,  Adán,  fue hecho un ser viviente”; el último Adán,  un Espíritu que da vida”.  Nosotros ya no somos descendientes del primer Adán quien era sólo un “ser viviente”, un simple mortal; ahora nosotros somos descendientes del postrer  Adán que es Jesucristo, y su vida es hoy nuestra vida.

Rom. 8:2 (NVI)  “pues por medio de él la ley del Espíritu de vida me ha liberado de la ley del pecado y de la muerte”.

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[1] David Chilton en su libro “Días de Retribución”, un maravilloso comentario sobre el libro de Apocalipsis, al llegar al capítulo cinco y comentar los primeros cuatro versículos, recurre a una observación hecha por un teólogo luterano alemán: Theodor Zahn (1838-1933), quien dice que siete sellos en un documento, indica que se  trata de un testamento. Para mayor información sobre este comentario, ya que no es posible para mi transcribirlo completa y textualmente, por razones de derechos, por favor entre a la siguiente dirección de internet y verifíquelo:

http://verdadasd.org/retribucion5.html. Además, Juan nos dice un detalle muy importante: “estaba escrito por dentro y por fuera”. Lo que interpretamos por libro en este versículo es la palabra griega: biblion, y puede significar: libro, carta o pergamino (Strong). De acuerdo con la época, creemos que se trata de un pergamino, por lo tanto, el significado de “escrito por dentro y por fuera”, se referiría a “por delante y por detrás”, igual como fueron escritas las tablas de la ley (Ex.32:15), que era la declaración del Viejo Pacto o Testamento. Por estas dos importantes observaciones, deducimos que el libro en la mano derecha del que estaba sentado en el trono, era el Nuevo Pacto, y que solo uno en todo el universo de Dios era digno de abrirlo, Jesucristo.

[2] Isaías 44:8; 45:5, 6, 21

[3] Historia Eclesiástica por Eusebio de Cesarea. Introducción, párrafo: El Concilio de Nicea, págs. 22-25, publicado por CLIE.

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