EL DÍA DEL JUICIO

Eduardo Mondaca

Hechos 17:31 “por cuanto ha establecido un día en el cual juzgará al mundo con justicia, por aquel varón a quien designó, dando fe a todos con haberle levantado de los muertos”.

En realidad este asunto es tema suficiente para cubrir un capítulo completo, pero considerando que en la creencia tradicional el día del juicio y el fin del mundo están indubitablemente vinculados, deseo tratarlo simplemente aquí.

En estos días que escribo este capítulo tercero, he sido fuertemente conmovido junto a mi familia en Noruega, por la terrible noticia que recibimos y pudimos seguir a través de internet y la televisión a partir de la mañana del 27 de febrero. Uno de los terremotos más fuertes en la historia moderna de la humanidad, el quinto para ser exacto, había sacudido la parte centro sur de nuestro amado país Chile, en donde viven prácticamente las tres cuartas partes de su población. Gracias a Dios ninguno de nuestros familiares y amigos sufrió desgracias, pero lamentablemente, cientos de personas murieron, otras tantas desaparecieron, algunas inclusive hasta ahora que escribo estas líneas (un mes después) no han podido ser encontradas; miles de familias perdieron sus hogares y sus fuentes de trabajo; el mar salió de sus límites y arrasó con violencia todo cuanto encontraba a sus paso, destruyendo viviendas, escuelas, comercio, y lo más trágico y triste de todo, muchas vidas humanas. He querido sacar a luz nuevamente esta trágica noticia, no con el fin de emocionarle o traerle un doloroso recuerdo, en el caso que usted haya presenciado y experimentado el horror de esta catástrofe natural, o que haya vivido algo similar en cualquier otro lugar, sino, para mencionar algo que me ha llamado mucho la atención: las sorprendentes profecías que han aparecido por internet en estos días inmediatamente después de la catástrofe, que anuncian juicios de Dios sobre la tierra que ha sido golpeada tan violentamente. Esto viene a corroborar mis teorías sobre la muy negativa influencia que tiene la interpretación “futurista” sobre las profecías bíblicas, produciendo de inmediato ante acontecimientos como los que he narrado, o cualquier otro de la misma naturaleza, una reacción de culpabilidad en la gente, y una búsqueda desesperada de Dios, con tal de aplacar su ira y su enojo contra una nación o pueblo. No es que esté en contra de una profecía, aunque la Biblia dice que estas terminarían (1Cor.13:8), sino que no estoy de acuerdo con aquellas “profecías y profetas” que huelen a “Viejo Pacto”, cuando Dios hablaba y traía juicios al pueblo por medio de ciertos hombres que vivían consagrados a él. En el Nuevo Pacto, que es lo que ahora vivimos, Dios no usa más profetas “exclusivos” para anunciar sus juicios, sino que ahora “todos” quienes conformamos Su Iglesia, somos profetas, y sobre todos nosotros está el Espíritu de Dios (Num.11:29). Lo que Moisés proféticamente deseó y declaró en el Viejo Pacto, es una realidad en el Nuevo, donde todos somos un reino de sacerdotes (1Pe.2:9), lo que significa, un pueblo de profetas que no tiene más palabras que anunciar, que la que nos ha sido dejada impresa en Las Sagradas Escrituras. Las catástrofes naturales han sucedido y seguirán sucediendo tanto en mi país Chile, como en cualquier otro lugar de nuestro planeta. No se necesita ser profeta para anunciar un terremoto en Chile o un huracán en Florida, son catástrofes naturales que siempre ocurrirán en estos lugares por estar ubicados en zonas geográficas vulnerables a esta clase de fenómenos de la naturaleza. Después que lea completamente este capítulo, espero que su punto de vista con respecto a los profetas y sus profecías de terror, tengan una observación diferente.

¿Por qué habría que suponer que este día de juicio está reservado para el final de los tiempos? No existe ningún fundamento bíblico que respalde tal suposición. La Biblia expone como uno de sus mensajes más importantes, el juicio sobre Israel, específicamente sobre la santa ciudad de Jerusalén. Daniel 9:24 dice:

“Setenta semanas están determinadas sobre tu pueblo y sobre tu santa ciudad, para terminar la prevaricación, y poner fin al pecado, y expiar la iniquidad, para traer la justicia perdurable, y sellar la visión y la profecía, y ungir al Santo de los santos”.

Si esto no es un juicio final, ¿qué es? Daniel es muy claro en su profecía que recibe directamente de Dios; setenta semanas, es decir 490 años proféticos estaban determinados o cortados, para Jerusalén. No podemos alterar o cambiar el sentido gramatical de las palabras pronunciadas por el profeta; la sentencia recibe un destino definido y que no da lugar a otra interpretación: “sobre tu pueblo y sobre tu santa ciudad”. Al parecer no fue una cifra al azar que Jesús diera a Pedro en Mateo 18:22 con respecto a la pregunta de cuantas veces se debía perdonar al hermano, a lo que Jesús respondió: “No te digo hasta siete, sino aun hasta setenta veces siete”. Probablemente Jesús quiso decirle que hasta setenta veces siete era el tiempo determinado de la paciencia de Dios sobre su pueblo. En Mateo 23 Jesús reprende y enjuicia a los judíos, en las personas de sus principales líderes religiosos:

Mt. 23:34-36  “Por tanto, he aquí yo os envío profetas y sabios y escribas; y de ellos, a unos mataréis y crucificaréis, y a otros azotaréis en vuestras sinagogas, y perseguiréis de ciudad en ciudad; para que venga sobre vosotros toda la sangre justa que se ha derramado sobre la tierra, desde la sangre de Abel el justo hasta la sangre de Zacarías hijo de Berequías, a quien matasteis entre el templo y el altar. De cierto os digo que todo esto vendrá sobre esta generación”.

En Mateo 21:43 Jesús dicta nuevamente sentencia sobre el pueblo judío con estas palabras: “Por tanto os digo, que el reino de Dios será quitado de vosotros, y será dado a gente que produzca los frutos de él”. El gran mensaje de Juan el bautista, fue un mensaje de juicio sobre la nación apostata: “Al ver él que muchos de los fariseos y de los saduceos venían a su bautismo, les decía: !!Generación de víboras ¿Quién os enseñó a huir de la ira venidera?” “Su aventador está en su mano, y limpiará su era; y recogerá su trigo en el granero, y quemará la paja en fuego que nunca se apagará” (Mt.3:7, 12). Los evangelios sinópticos registran muy claramente las palabras de Jesús anunciando el inminente juicio de Dios sobre Jerusalén, y su propósito. Lo dicho por Jesús se relaciona directamente con la profecía de Daniel 9 “y el pueblo de un príncipe que ha de venir destruirá la ciudad y el santuario; y su fin será con inundación, y hasta el fin de la guerra durarán las devastaciones” (v.26b). La mayoría de los cristianos que tienen una escatología futurista, no quieren ver el verdadero sentido que tiene esta profecía, sino que trasladan su cumplimiento para un futuro incierto, mientras que Jesús mismo declaró que el inminente juicio que venía sobre Jerusalén, era el cumplimiento de lo dicho por Daniel en el capítulo 9: “Por tanto, cuando veáis en el lugar santo la abominación desoladora de que habló el profeta Daniel” (el que lee, entienda) entonces los que estén en Judea, huyan a los montes. El que esté en la azotea, no descienda para tomar algo de su casa; y el que esté en el campo, no vuelva atrás para tomar su capa. Mas  !!ay de las que estén encintas, y de las que críen en aquellos días! Orad, pues, que vuestra huida no sea en invierno ni en día de reposo; porque habrá entonces gran tribulación, cual no la ha habido desde el principio del mundo hasta ahora, ni la habrá” (Mt. 24:15-21). Esa desolación que significa destrucción total, tuvo lugar en el año 70 d/C. y el príncipe que habría de venir, fue el general Tito, hijo del emperador Vespasiano, por lo tanto la profecía es cierta al decir que un príncipe habría de venir y destruir la ciudad. La desolación de Jerusalén fue el cumplimiento fiel y exhaustivo de toda la profecía del Antiguo Testamento.

Lc. 21:20-22  “Pero cuando viereis a Jerusalén rodeada de ejércitos, sabed entonces que su destrucción ha llegado. Entonces los que estén en Judea, huyan a los montes; y los que en medio de ella, váyanse; y los que estén en los campos, no entren en ella. Porque estos son días de retribución (venganza, pago), para que se cumplan todas las cosas que están escritas”.

Mateo 24 y Lucas 21 están hablando del mismo episodio. Mateo rescata de las palabras de Jesús, la referencia que él hiciera a la profecía de Daniel sobre la “abominación desoladora” y llama a sus lectores a que lean con el entendimiento, lo cual indica cuán importante es aquella señal para conocer los tiempos que estaban viviendo, mientras que Lucas muestra la invasión de los ejércitos romanos tomando el control sobre Jerusalén; tanto por lo que escribe Mateo como lo que escribe Lucas, se puede advertir claramente que las señales previamente profetizadas, estarían indicando como en un reloj que la hora del juicio habría llegado sobre esa nación.

Otras profecías del juicio de Dios sobre Israel en el Antiguo Testamento:

–         Am.2:5-16 Juicio contra Israel.

–         Am.8:1-14 El juicio sobre Israel se acerca.

–         Mi.3:8-12 Juicio sobre los lideres de Israel y sobre Jerusalén.

–         Mal.2:16-17 El día del juicio se acerca.

El día del juicio tuvo lugar durante la generación que escuchó hablar a Jesús estas palabras, y aunque los futuristas insisten en hacer creer que la palabra “generación” (gr.genea) usada por Jesús en Mateo 24:34, no se refiere a una generación de tiempo, sino a raza o linaje (gr.genos), y que lo que Jesús quiso decir en verdad fue: “que mientras este pueblo (los judíos) existiesen sobre la tierra, todo lo que él estaba diciendo debería cumplirse”, hay muchos otros versículos que no dejan lugar a ninguna otra interpretación más que aquella que Jesús quiso que se entendiese, es decir: ésta, y no otra generación. En el capítulo 23, Jesús emplea la misma palabra y la aplica en el mismo contexto de lo que dice Mateo 24, eventos que han de acontecer a la gente que le está escuchando hablar: “De cierto os digo que todo esto vendrá sobre esta generación” (v.36). Si los futuristas insisten en que “genea” significa raza, bueno, en este versículo no tienen excusa, Jesús fue muy enfático en su declaración final a los religiosos judíos con esta sentencia: “Les aseguro que todo esto vendrá sobre esta generación” (v.36 NVI).

Los versículos a continuación son claros testimonios que la expresión “esta generación” no se refiere al pueblo judío como raza a través de todos los tiempos, ni tampoco a la clase de “gente mala” como también interpretan, que mientras exista este tipo de gente, todas las profecías tendrán cumplimiento, sino exclusivamente a los judíos contemporáneos de Jesús y los apóstoles; en el caso contrario habría dicho: esa o aquella generación, y no ésta. Todos estos versículos están en contexto con la segunda venida de Cristo y el día del juicio.

Mt. 23:36  De cierto os digo que todo esto vendrá sobre esta generación.

Mt. 24:34  De cierto os digo, que no pasará esta generación hasta que todo esto acontezca.

Lc. 11:29, 30  Y apiñándose las multitudes, comenzó a decir: Esta generación es mala; demanda señal, pero señal no le será dada, sino la señal de Jonás. Porque así como Jonás fue señal a los ninivitas, también lo será el Hijo del Hombre a esta generación.

Lc. 11:50  para que se demande de esta generación la sangre de todos los profetas que se ha derramado desde la fundación del mundo,

Lc. 17:25  Pero primero es necesario que padezca mucho, y sea desechado por esta generación.

Los Dispensacionalistas y los Amilenaristas, simplemente no quieren reconocer y aceptar que han fallado en su modo de interpretar las Escrituras, y forzosamente han hecho encajar en algunos versículos claves, palabras que no aparecen en los textos originales o manuscritos más antiguos, para que así su posición teológica sobre los últimos tiempos siga teniendo sentido y no se desplome por el piso, como pareciera que ha comenzado ya a suceder.

Otros aspectos de los juicios de Dios

En los círculos cristianos tradicionales se acepta unánimemente que el programa de la segunda venida de Cristo contempla una serie de juicios divinos, que van desde el juicio sobre Israel hasta el juicio del gran trono blanco o también conocido como “el día del juicio”. Al revisar minuciosamente todas las Escrituras en donde están registrados estos juicios, se puede concluir que todos los juicios, aunque parecen distintos unos de otros, no son más que diferentes aspectos de un mismo y sólo juicio.

¿Por qué trajo Dios juicio sobre Israel?

Todo lo que hemos visto hasta aquí en relación al día del juicio, tiene que ver con los juicios de Dios sobre Israel. A continuación deseo que lea las razones que tuvo Dios, según las Escrituras,  para castigar tan severamente a Su pueblo escogido.

Fue una esposa infiel

Jer. 3:20  “Pero como la esposa infiel abandona a su compañero, así prevaricasteis contra mí, oh casa de Israel, dice Jehová”.

Fornicó con las naciones

Eze. 23:30  “Estas cosas se harán contigo porque fornicaste en pos de las naciones, con las cuales te contaminaste en sus ídolos”.

Se comportó como una prostituta, como una ramera

Eze. 23:7  “Y se prostituyó con ellos, con todos los más escogidos de los hijos de los asirios, y con todos aquellos de quienes se enamoró; se contaminó con todos los ídolos de ellos”.

Eze. 16:35  “Por tanto, ramera, oye palabra de Jehová”.

Por su soberbia

Ose. 5:5  “La soberbia de Israel le desmentirá en su cara; Israel y Efraín tropezarán en su pecado, y Judá tropezará también con ellos”.

Al observar todas estas acusaciones que hace Dios sobre su pueblo, y en especial sobre la santa ciudad de Jerusalén, no es difícil suponer que la gran ciudad enjuiciada en Apocalipsis 18, que lleva un nombre simbólico: “Babilonia” la gran ciudad, corresponda a la antigua ciudad de Jerusalén. Hay varias razones muy poderosas para creer en esta teoría y que gustosamente me gustaría compartir con ustedes, aunque me imagino también, que para muchos, la primera impresión al leer estas líneas, es que estoy totalmente equivocado, y es también muy comprensible, dado que dentro de la escatología tradicional o futurista, la gran Babilonia o la gran ramera de Apocalipsis 18 es generalmente atribuida a la Roma papal, pero déjeme decirle, que el catolicismo romano no llegó hasta tres siglo después que esta profecía fue escrita, por lo que difícilmente Juan podría haberse referido a esta iglesia, ya que en su mensaje introductorio a su libro, él declara enfáticamente que lo que está escribiendo, son sobre “cosas que han de suceder pronto”(Ap.1:1), no siglos después, ni mucho menos en dos mil años más; por otro lado, están también los que creen que la gran Babilonia representa a la religión falsa a través de todos los tiempos, y un grupo menor cree que esta gran ciudad sanguinaria representa a la Roma imperial del primer siglo. Sin embargo, la caída o fin del Imperio romano, tuvo lugar mucho después de haber nacido el catolicismo, y la historia no registra que su destrucción haya sido tan devastadora como lo fue la destrucción de Jerusalén. En fin, cada cual tiene derecho a tener su propia observación sobre los hechos escritos, pero lo que debe prevalecer realmente es lo que nos dice la Palabra de Dios, por lo que pasaremos de inmediato a revisar algunas Escrituras.

Diez veces menciona Juan en su libro a Babilonia como la “gran ciudad” Apoc.14:8; 16:19; 17:5,18; 18:2, 10, 16, 18,19 y 21, y una vez hace mención del lugar en donde nuestro Señor fue crucificado, como “la gran ciudad”

Ap. 11:8  “Y sus cadáveres estarán en la plaza de la grande ciudad que en sentido espiritual se llama Sodoma y Egipto, donde también nuestro Señor fue crucificado”.

No es una casualidad que tanto Babilonia como Jerusalén sean llamadas: la gran ciudad. Para los judíos, tanto en el Nuevo como en el Antiguo Testamento, Jerusalén es la ciudad más importante de Israel. Se menciona su nombre más de 700 veces en la Biblia, lo que la convierte en una ciudad singular; ninguna otra aparece tantas veces registrada en la Escritura. Es obvio que tampoco se refiere a la antigua ciudad de Babilonia, porque esta fue grande bajo el gobierno de su más importante rey Nabucodonosor, y había desaparecido muchos siglos antes de esta profecía, por tanto, no hay mucho más en donde buscar, y dado la montaña de escrituras que habla del juicio sobre Jerusalén, no cabe ninguna duda que Apocalipsis 18, se refiere únicamente a la ciudad apóstata de Jerusalén. Otro dato muy importante a considerar, es el contraste que existe entre esta ciudad “ramera” del capítulo 18, con la santa ciudad, “dispuesta como una esposa ataviada para su marido” del capítulo 21.

Ap. 21:2  “Y yo Juan vi la santa ciudad, la nueva Jerusalén, descender del cielo, de Dios, dispuesta como una esposa ataviada para su marido”.

Por último, Dios no puede acusar ni juzgar de “infiel” a otros pueblos que no sea el propio suyo. La fuerte proclama que hace el versículo 4 de Apocalipsis 18 “Y oí otra voz del cielo, que decía: Salid de ella, pueblo mío, para que no seáis partícipes de sus pecados, ni recibáis parte de sus plagas”, nos debe hacer recordar la advertencia que Jesús hiciera a sus seguidores con respecto a la destrucción de Jerusalén: Mr. 13:14  “Pero cuando veáis la abominación desoladora de que habló el profeta Daniel, puesta donde no debe estar (el que lee, entienda), entonces los que estén en Judea huyan a los montes”; Mr. 13:19  “porque aquellos días serán de tribulación cual nunca ha habido desde el principio de la creación que Dios creó, hasta este tiempo, ni la habrá”.

Dios nunca consideró a Roma como una esposa infiel, porque nunca fue su esposa. Roma no violó ningún pacto con Dios, porque nunca Dios hizo un pacto con ellos. Roma no puede ser culpable de la sangre derramada de los profetas ni de la muerte del Hijo de Dios, sino, Jerusalén, e Israel.

Mt. 23:34-36  “Por tanto, he aquí yo os envío profetas y sabios y escribas; y de ellos, a unos mataréis y crucificaréis, y a otros azotaréis en vuestras sinagogas, y perseguiréis de ciudad en ciudad; para que venga sobre vosotros toda la sangre justa que se ha derramado sobre la tierra, desde la sangre de Abel el justo hasta la sangre de Zacarías hijo de Berequías, a quien matasteis entre el templo y el altar. De cierto os digo que todo esto vendrá sobre esta generación”.

Lc. 13:34  !Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas, y apedreas a los que te son enviados! ¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina a sus polluelos debajo de sus alas, y no quisiste!

Esteban, el primer mártir de la Iglesia acusa a los judíos contemporáneos y a sus padres, de la muerte de los profetas:

Hech. 7:52  ¿A cuál de los profetas no persiguieron vuestros padres? Y mataron a los que anunciaron de antemano la venida del Justo, de quien vosotros ahora habéis sido entregadores y matadores;

Ap. 18:20  “Alégrate sobre ella, cielo, y vosotros, santos, apóstoles y profetas; porque Dios os ha hecho justicia en ella”.

Ap. 18:24  “Y en ella se halló la sangre de los profetas y de los santos, y de todos los que han sido muertos en la tierra”.

Los dos últimos versículos son “fulminantes” para nuestra conclusión. Babilonia la gran ciudad, no puede ser otra más que Jerusalén y que fue juzgada por Dios antes que terminase la generación contemporánea de Jesús, es decir, en el año 70 d/C.  La destrucción de la Jerusalén apóstata, marcó el fin de la edad del viejo pacto, y el comienzo del Nuevo, por eso el día de su juicio es llamado como el día final, pero no era el fin del mundo cósmico, sino, el fin de esa edad, o como Pablo la denomina, “el presente siglo malo” Gal. 1:4  “el cual se dio a sí mismo por nuestros pecados para librarnos del presente siglo malo, conforme a la voluntad de nuestro Dios y Padre”.

El juicio sobre los ángeles caídos

Este tema de los ángeles caídos me llama mucho la atención. Curiosamente hemos aceptado estos extraños “tropiezos angelicales” como algo muy normal; como que si la caída de un ángel fuese lo más natural del mundo, pero, estamos hablando de seres celestiales creados para estar al lado de Dios en medio de la más pura y perfecta santidad. Sin embargo, la Biblia dice que abandonaron sus moradas, o sus cuerpos originales (espirituales) y bajaron a la tierra y se mesclaron con los hombres. Ante esto, es comprensible entonces la caída del hombre en el huerto del Edén. En el capítulo segundo hice un comentario sobre la imperfección de Adán antes de su caída, algo que puede sonar chocante, por la imagen de tan elevada perfección que se tiene del primer hombre creado por Dios, pero, el punto discutido allí, es que si Adán hubiese sido perfecto, nunca hubiese fallado, falló porque era imperfecto, lo cual demuestra que sólo Dios es perfecto y por lo tanto infalible. Sin embargo, todas sus creaturas, sean espirituales o físicas, son susceptibles a fallar.

Jud. 1:6  “Y a los ángeles que no guardaron su dignidad, sino que abandonaron su propia morada, los ha guardado bajo oscuridad, en prisiones eternas, para el juicio del gran día”;

2Pe. 2:4  “Porque si Dios no perdonó a los ángeles que pecaron, sino que arrojándolos al infierno los entregó a prisiones de oscuridad, para ser reservados al juicio”;

Por estos versículos aquí expuestos podemos interpretar que los ángeles que se rebelaron contra Dios en el pasado, han de ser juzgados en “el juicio del gran día”. Del modo como hemos venido revisando hasta aquí el significado del término “día final” con relación con el día del juicio, debemos también dilucidar si este “gran día” es el mismo “día final” que hemos estado observando hasta ahora. El término “el juicio del gran día” alude indiscutiblemente a un solo y único juicio, y que tendría lugar precisamente cuando Cristo volviera por segunda vez; no hay otro día más grande que ese en toda la Biblia. La razón la explico detalladamente en el capítulo segundo de este libro. La segunda venida de Cristo formó parte del acto de la redención. Cristo debía volver, para “salvar y redimir completamente” a los que le esperaban (Heb.9:28; Ef.4:30).

Hay dos versículos más en el Nuevo Testamento en que la expresión “el gran día”  aparece, y se encuentran en contexto con un día de juicio, de ira, y de saldar cuentas.

Ap. 6:17  “porque el gran día de su ira ha llegado; ¿y quién podrá sostenerse en pie?”

Ap. 16:14  “pues son espíritus de demonios, que hacen señales, y van a los reyes de la tierra en todo el mundo, para reunirlos a la batalla de aquel gran día del Dios Todopoderoso”.

Considerando estas dos citas, y relacionándolas con las anteriores, podemos dilucidar que ese “gran día” en que los ángeles habían de ser juzgados, no pudo ser otro más que, el mismo gran día en que Cristo regresó por segunda vez, durante la destrucción de Jerusalén en el año 70 d.C. Esto lo explicaré muy detalladamente en el capítulo sexto, titulado: “¿Vendrá Cristo otra vez?”

El juicio de las naciones

Este juicio también llamado, “el juicio de los gentiles” y que encuentra su fundamento bíblico en Mateo 25:31, es el mismo juicio ante “el gran trono blanco” de Apocalipsis 20:11.

Todos concuerdan (futuristas y preteristas) que estos pasajes  son sin lugar a dudas la descripción del juicio final, la única gran diferencia es que para los “preteristas” ese juicio final no está en el futuro, sino, ya fue en el pasado, durante la destrucción de Jerusalén en el año 70 d/C. cuando tuvo lugar también la segunda venida de Cristo. Hay razones muy poderosas, bíblicamente hablando para creer tal afirmación, y que las explicaré con más detalle en el capítulo quinto.

Para la mayoría resulta muy complicado creer y aceptar que todos los juicios y demás eventos descritos en la Biblia con relación al fin del mundo, se estén refiriendo a un mismo y único gran día, pero el problema que yo veo, no radica precisamente en cuán difícil sea hacer encajar diferentes juicios o sucesos finales en uno solo,  sino en la interpretación que demos al tiempo del día de la segunda venida de Cristo. Para un futurista es inaceptable la postura de este libro con respecto al retorno del Señor y de lo que comprende todo el programa de su venida. Para él, esta es una herejía condenable, y de plano rechaza inmediatamente mi posición teológica con respecto a los últimos días. El gran problema con el que se encuentra un futurista para aceptar la enseñanza de que Cristo ya vino, es que, de acuerdo a su preconcepción de la escatología, es imposible que el rapto de la iglesia y la resurrección de los muertos haya tenido lugar durante la destrucción de Jerusalén en el año 70 d/C. Sus grandes preguntas son: ¿Por qué no existe ningún documento histórico sobre estos dos hechos sobrenaturales tan importantes para la Iglesia? ¿Por qué los padres más antiguos de la Iglesia, de acuerdo a documentos encontrados, continuaron creyendo que la venida de Cristo aun era futura? Y sí Cristo ya vino, ¿Por qué no fueron destruidos los cielos y la tierra de entonces, y en su lugar Dios hubiese creado nuevos? Bueno, todas estas preguntas generalmente son hechas por quienes sostienen una escatología futurista, y que lamentablemente muy pocas veces se dan el trabajo de investigar y buscar sus respuestas, por lo mismo, deseo responder en este libro a estas y muchas otras preguntas relacionadas con el cumplimiento de los tiempos de acuerdo con la Biblia, que es la máxima autoridad para revelarnos la verdad, más que la tradición de los padres de la iglesia, y de la historia misma.

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