ACERCA DE LAS SEÑALES ANTERIORES A LA GUERRA

HISTORIA ECLESIÁSTICA

Eusebio de Cesarea (275 – 339 d/C.)

Libro III  – Cap.VIII

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Eusebio de Cesarea

1. Lee, pues, lo que Josefo expone en el libro VI de su Guerras de los judíos con las siguientes palabras: «Precisamente entonces los engañadores y los falsos acusadores de Dios seducían al pueblo infeliz, por lo que no prestaban atención ni daban crédito a los manifiestos prodigios que indicaban la cercana desolación, sino que, como pasmados como un rayo y como desprovistos de ojos y de alma, menospreciaban los mensajes de Dios.

2. »Sirvan como ejemplo un astro que se paró sobre la ciudad y muy parecido a una espada, y un cometa que fue prolongándose hasta un año. En otra ocasión cuando, antes de la revuelta de los tumultos anteriores a la guerra, habiéndose congregado el pueblo para la fiesta de los ácimos, a la hora novena de la noche del octavo día de Jantico resplandeció una luz tan fuerte sobre el altar y en el templo que pareció ser de día, y este fenómeno se prolongó durante media hora. A los inexpertos les pareció buen presagio, pero los escribas lo entendieron correctamente antes de que aconteciera.

3. »Y durante la misma fiesta, una vaca que el sumo sacerdote llevaba para el sacrificio, parió un cordero en medio del templo.

4. »Además, la puerta inferior de oriente, a pesar de ser de bronce macizo, de haber sido cerrada después de la tarde por veinte hombres con mucho esfuerzo, de estar reforzada con cerrojos fijados con hierro y de tener unos goznes bien sujetos, se vio cómo se abría por sí sola durante la noche a la hora sexta.

5. »Pocos días después de la fiesta, el veintiuno del mes de Artemisio, apareció un fantasma demoníaco increíblemente enorme. Pero lo que vamos a explicar parecería un extraño prodigio si no lo explicaran los que lo presenciaron y si el sufrimiento que siguió no fuera digno de tales indicios. Así pues, antes de ponerse el sol, se pudieron ver carros y escuadrones armados en el aire por toda la región que se movían entre las nubes circundando las ciudades.

6. »Y durante la noche de la fiesta llamada de Pentecostés, cuando los sacerdotes entraban en el templo (como de costumbre) con el fin de llevar a cabo su servicio, dicen que en primer lugar oyeron tumultos y ruidos de golpes, y después una voz compacta: “¡Vayámonos de aquí!”

7. »Pero lo que es más espantoso: un hombre llamado Jesús de Anamías, un particular de oficio campesino, pues había la costumbre de que todos montaran una tienda para Dios, fue a la fiesta cuatro años antes de la guerra, cuando la ciudad se hallaba en la mayor paz y esplendor. De pronto empezó a dar voces en el templo: “¡Voz de oriente! ¡Voz de los cuatro vientos! ¡Voz sobre Jerusalén y el templo! ¡Voz sobre recién desposados! ¡Voz sobre todo el pueblo!” Y fue vociferando por todo el pueblo y callejones día y noche.

8. »Pero ciertos ciudadanos ilustres, enojados por el mal agüero, agarrando a ese hombre, le atormentaron, causándole numerosas heridas. Él, no obstante, como no hablaba para sí ni de lo suyo propio, siguió gritando a los presentes con las mismas palabras de antes.

9. »Luego los magistrados, creyendo (como era en realidad) que la agitación de aquel hombre era demoníaca, le llevaron a presencia del procurador romano. Allí, y a pesar de ser azotado y con heridas hasta los huesos, no hizo ninguna súplica ni derramó una sola lágrima, sino que en lo posible tomó su voz en lamento, respondiendo a cada golpe: “¡Ay, ay, de Jerusalén!”».

10. Josefo también cuenta otro hecho más extraño que todo esto, cuando dice que en las Sagradas Escrituras se halla un oráculo que afirma que en aquel tiempo alguien de aquella región gobernaría el mundo. Él llegó a la conclusión de que se cumplía con Vespasiano.

11. No obstante, Vespasiano no gobernó todo el mundo, únicamente lo que estaba bajo el mando romano. Sería más apropiado referirlo a Cristo, a quien el Padre dijo: «Pídeme, y te daré por herencia las naciones, y como posesión tuya los confines de la tierra»; y por ese tiempo «por toda la tierra salió la voz (de los santos apóstoles) y hasta el extremo del mundo sus palabras».

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